Pluma invitada

Puntos clave del discurso de Biden en Filadelfia

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Justo antes del tradicional lanzamiento de la temporada política del Día del Trabajo, el presidente Joe Biden se insertó el jueves en las elecciones intermedias con un feroz discurso en el que castigó al expresidente Donald Trump y a sus seguidores, pero finalizó con optimismo por el futuro democrático de la nación.

Aquí hay cuatro ideas resaltantes de los mejores momentos del discurso en el Independence Hall en Filadelfia:

Todavía se trata de Trump.

Biden repasó los logros de su primer año y medio en el cargo: infraestructura, controles de armas, regulación de precios de medicamentos recetados y “la iniciativa climática más importante de la historia”. Pero en su discurso a la nación, Biden reconoció tácitamente que su predecesor aún se cierne sobre la política actual, nos guste o no. Y se refirió directamente a Trump, llamándolo por su nombre y tratando de diferenciar entre “los republicanos MAGA” leales a Trump y los que él consideraba como republicanos razonables que aún defienden el experimento democrático estadounidense.

“No hay duda de que el Partido Republicano de hoy está dominado, impulsado e intimidado por Donald Trump y los republicanos MAGA”, dijo. “Y eso es una amenaza para este país”.

Las elecciones intermedias suelen ser un referéndum sobre el partido del presidente en ejercicio, especialmente cuando ese partido también controla el Congreso. Pero Biden y los demócratas apuestan a que, si pueden reducir las elecciones de noviembre a una decisión entre dos opciones: el control demócrata o el republicano, pueden ganar, o al menos mantener sus pérdidas al mínimo. El discurso de Biden se centró en que el día de las intermedias se debe elegir entre lo que llamó “la luz de la verdad” y “la sombra de las mentiras”.

Al diablo con los índices de aprobación.

Los índices de aprobación de Biden han aumentado en últimas fechas, impulsados por los éxitos legislativos y la caída de los precios de la gasolina. Aun así, con una tasa de desaprobación compuesta del 53 por ciento y la aprobación del desempeño aún en un nivel tan bajo como el 40 por ciento, nadie piensa en el presidente como alguien precisamente popular.

Pero el jueves, al parecer la Casa Blanca se arriesgó al asumir que pasar desapercibidos no mejoraría la situación y al esperar que un gran discurso televisado les recordara a los votantes la razón por la que eligieron a Biden en 2020. Los republicanos han caricaturizado al presidente como un anciano tambaleante, incapaz de discurrir una cadena de oraciones coherentes. En lugar de permitir que tales difamaciones quedaran sin refutar, la Casa Blanca actuó para disiparlas con un discurso contundente que, al menos, uniría a la base demócrata, que ya estaba energizada por la decisión de la Corte Suprema de poner fin al derecho al aborto, una normativa que tuvo una vigencia de casi 50 años.

El énfasis que hizo Biden en la naturaleza histórica de la medida de cambio climático más grande jamás promulgada estaba dirigido a los jóvenes votantes demócratas que se encuentran entre los más desencantados con él personalmente. Pero, sobre todo, el presidente apeló a los temores que se han apoderado de algunos de los grupos de votantes demócratas más fiables (miembros de la comunidad LGBTQ, los jóvenes y las mujeres) cuando sugirió que la anulación de la sentencia del caso de Roe contra Wade era solo el comienzo: “Las fuerzas de MAGA están decididas a llevar a este país hacia atrás, a un lugar donde Estados Unidos no tenga derecho a elegir, ni derecho a la privacidad, ni derecho a la anticoncepción, ni derecho a casarte con quien amas”.

Dos Estados Unidos, divididos y desconfiados.

Durante el gobierno de Trump, se habló mucho de su voluntad de castigar a sus enemigos políticos de izquierda, para el deleite de sus seguidores. Trató de hacer retroceder los derechos de las personas transgénero en todo el gobierno, atacó los derechos de las lesbianas y los homosexuales estadounidenses, les dijo a las mujeres de color en el “Escuadrón” de los Demócratas de la Cámara que “regresaran” a su lugar de origen y atacó alegremente ciudades como Chicago, San Francisco y Baltimore.

El jueves, fue el turno de los republicanos de denunciar la división generada por un presidente que los despreciaba. El Comité Nacional Republicano calificó a Biden como “el divisor en jefe” que “representa el estado actual del Partido Demócrata: uno de división, descontento y hostilidad hacia la otra mitad del país”.

Pero por momentos, la respuesta republicana se sintió como los insultos típicos de un joven inmaduro pero en versión larga. Antes del discurso de Biden, el hombre que espera ser el presidente de la Cámara el próximo año, el representante Kevin McCarthy, republicano por California, también habló en Pensilvania y trató de adelantarse a un discurso presidencial que ya era visto como un llamamiento de Biden al alma de la nación, al usar, sin fundamentos, los temas del primer mandatario para atacarlo.

“En los últimos dos años, Joe Biden ha lanzado un ataque al alma de Estados Unidos”, dijo McCarthy, el líder de la minoría de la Cámara, “a su gente, a sus leyes, a sus valores más sagrados. Ha lanzado un ataque a nuestra democracia”.

No se trata de la economía: una posición posiblemente estúpida.

La súplica de la campaña de Bill Clinton en 1992: “Es la economía, estúpido”, se ha convertido en una obviedad en la política estadounidense, en las buenas y en las malas. Hoy en día, la mayoría de los estadounidenses aún califican la economía como su principal preocupación y un gran número cree que la nación está en recesión.

No así Biden, quien declaró: “Hoy, la economía de Estados Unidos es más rápida, más fuerte que la de cualquier otra nación avanzada del mundo”. La palabra “inflación” no salió de sus labios.

En 2010, durante la campaña, después de que el presidente Barack Obama y su vicepresidente, Biden, trabajaran para sacar a la nación de la crisis financiera mundial, Obama recorrió el país de manera arrolladora e insistió en que los demócratas habían sacado a la economía del país de la zanja en la que los republicanos la habían dejado. Los votantes asestaron lo que Obama llamó un “golpeteo”: enormes pérdidas en el Congreso que los demócratas no superarían en ocho años.

Biden, al aprender de ese error, ha estado tratando de mostrarles a los electores que entiende su dolor y ansiedad por el aumento de los precios y la incertidumbre persistente. El jueves por la noche, pareció dejar eso de lado para hacer que las elecciones se trataran de un tema completamente diferente: el destino del pluralismo democrático.

“Estados Unidos sigue siendo el modelo para el mundo, un ideal que alcanzar, una promesa por cumplir”, concluyó. “No hay nada más importante, nada más sagrado, nada más estadounidense. Esa es nuestra alma”.

 

*c.2022 The New York Times Company