Liberal sin neo

Qué alivio, la ayuda está en camino

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Posee hondo conocimiento y gran capacidad para interpretar escenarios complejos y formular iniciativas atingentes, con el respaldo de un equipo altamente experimentado y competente. A su vista llegan datos, informes y análisis que sintetizan sutiles matices de profunda perspicacia sobre problemas sociales y económicos. Sus asesores le proporcionan acceso a un vasto cuerpo de experiencia y pericia sobre los antecedentes y actualidad. Todo esto lo esgrime con la virtuosidad con la que un habilidoso violinista desliza el arco sobre las cuerdas. Esta no es la impresión que se obtiene de Kamala Harris, vicepresidenta de EE. UU., después de examinar sus declaraciones y opiniones sobre el Triángulo Norte.

En las manos de Kamala Harris ha caído la pelota del Triángulo y la oleada migratoria hacia el norte, merced de un pase de Joe Biden. Ella explica que le ha tocado recoger la batuta que anteriormente llevó el propio Joe, cuando Barack Obama le encargó la solución de los problemas en el Triángulo. Biden, sugiere Kamala, se dedicaba con ágil tenacidad precisamente a eso, hasta que “la continuidad del trabajo se detuvo bajo la administración anterior [de Trump] y tenemos que reconstruir el trabajo”. Zumba ironía al escuchar a Harris relatar que el éxito vendrá al dar continuidad a lo que hacía Biden por Guatemala, El Salvador y Honduras. En una reciente entrevista que le hizo CNN a Harris sobre la pesada tarea que enfrenta, se aprecia fácilmente que tiene conocimiento superficial de los países centroamericanos y el que tiene proviene de un resumen de resúmenes de informes.

El eslogan de turno es que debe abordarse la raíz de las causas (root causes) de la migración desde el Triángulo. ¿Cómo se aborda? —inquiere la entrevistadora. “Con esperanza”, responde Harris. “Esperanza que si se quedan [en su país], la ayuda está en camino”. Le ha dado encargo al secretario de Agricultura de EE. UU. para “aumentar nuestro enfoque y recursos alrededor de los agricultores en esa región, que han sido devastados en términos de clima y sequía”. ¿Raíz de las causas? “Clima extremo, porque la agricultura es una de sus industrias más grandes”. Ha instruido a Usaid para “incrementar nuestras respuestas a desastres como los huracanes”. Además, pedirá “que se aumente la ayuda de nuestros amigos en la ONU”.

Con respecto a su visita a Guatemala, programada para la segunda semana de junio, a la vicepresidente se le ilumina el rostro al afirmar que se reunirá con “organizaciones comunitarias, que le llaman básicamente la sociedad civil, para que puedan darle los recursos a las personas que quieren quedarse en casa, darles la esperanza que ayuda está en camino”.

Habría que preguntar a los dirigentes de Usaid sobre el destino de los miles de millones de dólares de ayuda que se ha brindado a los países del Triángulo en décadas pasadas. Preguntar a los amigos en la ONU, a la Unión Europea, que se pavonea de los miles de millones que ha dado, sobre los resultados obtenidos. Ojalá fuera en carreteras, puentes, puertos y sistemas de riego; algo de eso habrá, pero la tajada leonina se va en ONG que se dedican a la política, informes sobre derechos humanos, problemas de género e identidad y cambio climático. Para la industria de la ayuda, el éxito se mide por la calidad de los informes que elaboran y ellos mismos leen, no por resultados. Si se le sigue tirando dinero a lo que no funciona, seguirá sin funcionar.

Basado en las declaraciones que ha ofrecido y las personas con las que se reúne la vicepresidenta, se infiere que es más el daño que el bien que pueda hacer.