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¿Qué dijo y diría Benedicto XVI a los guatemaltecos?

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El pueblo guatemalteco es bendecido, informó el papa Benedicto XVI a los miembros de la Conferencia Episcopal de Guatemala (CEG) durante su visita de marzo del 2008, pues cultivamos un “profundo sentimiento religioso, rico de expresiones populares”.  Dos años más tarde, repitió este sentir cuando recibió al embajador ante la Santa Sede: “El pueblo guatemalteco, con su variedad de etnias y culturas, tiene muy arraigada la fe en Dios, una entrañable devoción a María Santísima y un amor fiel al Papa y a la Iglesia”.  ¿Qué nos hubiera dicho Benedicto, si nos hubiera escrito una carta de despedida especial?

Seguramente nos hubiera exhortado a proteger, formar y apoyar a nuestras familias, pues ellas transmiten las tradiciones cristianas. Pero la hipotética carta contendría muchísimas lecciones más. Después de todo, Benedicto nos legó 86 libros, 471 artículos e innumerables discursos y homilías. Y cada vez que leemos sus escritos, discernimos distintas luces.  De allí que la CEG subrayó la preocupación del papa por la Verdad, y le agradeció al pontífice emérito sus “enseñanzas magistrales” y su lucha por la unidad y la libertad religiosa.

Imaginando otros posibles encuentros entre guatemaltecos y el Papa, pensé que delegaciones de compatriotas acudieron a las tres jornadas mundiales de la juventud (JMJ) internacionales que presidió, en Colonia (2005), Sídney (2008) y Madrid (2011). ¿Qué mensajes inspiradores inculcó a la juventud en estas ocasiones?  Sus discursos en las vigilias y sus homilías durante estos viajes contienen tres ideas que fluyen una de la otra: debemos primero experimentar la conversión interior y luego unirnos con otros creyentes para poder, finalmente, ser testigos de la amistad con Jesucristo.

Conmueven sus intervenciones en Alemania. Esa JMJ se enfocó en el peregrinaje de los tres reyes magos, cuyos huesos descansan en un relicario en la catedral de Colonia. Al posarse frente a Jesús, terminó el caminar de los magos, pero comenzó un recorrido interior “que cambia toda su vida”.  Ellos querían encontrar y servir al Rey que renovaría al mundo, pero encontraron un Rey en pañales. Hoy, podemos encontrar a Jesús en la eucaristía. La eucaristía constituye la verdadera, duradera y salvífica transformación, confió el Papa a los jóvenes en la homilía de la misa en Marienfeld. Jesús se entrega, y “solamente esta íntima explosión del bien que vence al mal puede suscitar después la cadena de transformaciones que poco a poco cambiarán el mundo”,  agregó.

Tres años después, en una fría noche australiana, ante el Santísimo Sacramento expuesto, un sonriente Benedicto XVI motivó a los jóvenes para que se mantuvieran unidos al Espíritu Santo y a la Iglesia y resistieran la tentación de “ir por libre”. En dicha unión encontramos coherencia y certeza, pues elegimos permanecer en la Verdad y desistimos de utopías precarias y fugaces. En la homilía en el Hipódromo de Ranwick, Benedicto expresó su deseo de que la nueva generación de cristianos, unida y fortalecida por el Espíritu, edificara una era de esperanza y de amor puro y libre.

“No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer”, exclamó Benedicto XVI ante dos millones de jóvenes reunidos en el Aeropuerto Cuatro Vientos, de Madrid, en agosto del 2011.  Los creyentes somos discípulos y damos un alegre testimonio de nuestra fe en todo el mundo.  Al final, prometió rezar por ellos “con todo el afecto de mi corazón” y pidió oraciones para su persona.

Si el Papa nos hubiera escrito una carta, esta sería cristocéntrica y alentadora. El año que empieza es un momento propicio para hacer el propósito de reconversión y pensar cómo podemos ser mejores testigos del Amor.