Hagamos la diferencia

¿Qué es primero: la salud o la economía?

Samuel Reyes Gómez samreygo@yahoo.com

En la historia de la humanidad, la economía ha jugado un factor fundamental para el desarrollo de las sociedades, y en estos tiempos, ante la pandemia del covid-19, existe una discusión, entre cuál es la prioridad, si salud o economía. Es como el dilema de ¿quién fue primero: el huevo o la gallina? Quienes defienden una u otra posición únicamente desde el punto de vista ideológico se rasgan las vestiduras y lanzan improperios hacia la posición contraria a la que defienden. Vi esta semana la foto que tomó un padre de familia de su hijo dentro de una carretilla del supermercado, la que envió a través de las redes sociales cuando un internauta le increpó de por qué defendía la apertura económica, y le decía que lo expresaba porque no había pasado una situación donde su esposa o su hijo adquirieran el virus. Esto es una irresponsabilidad, porque nuestro deber es proteger a nuestra familia y no exponerla. El virus existe, y ya superó por mucho las principales causas de muerte a nivel mundial entre enfermedades, drogas, desnutrición, homicidios, terrorismo, etcétera y sigue en aumento. Solo en EE. UU. superó las muertes de la guerra de Vietnam, de Corea y de los atentados del 11 de septiembre. No sabemos cómo responderá nuestro cuerpo, en el caso de que nos infectemos. Si el sistema de salud colapsa, la cantidad de muertos se incrementará, e inevitablemente la economía se deteriorará, como le está pasando a Suecia. Considero que ambas áreas son importantes. El Gobierno ha hecho hasta el momento un buen esfuerzo por contener la enfermedad, sin llegar a un encierro completo. Pero también debe prestársele atención al aspecto económico. Y es en este punto donde jugará un papel importante la disciplina que podamos crear entre la población en general y en las empresas del país. Debemos reconocer que la pandemia puede contenerse con suficiente dinero para implementar tecnologías que apoyen al sector salud, como ha sucedido en países ricos como Dinamarca, o por disciplina de los pobladores, como ha sucedido en el Oriente. O una combinación de ambas.

El Gobierno y el empresariado guatemalteco deben reconocer que el país puede colapsar por excesivas muertes de sus habitantes o también por el deterioro de la economía, principalmente la familiar. En la economía se reconocen tres eras: la agrícola, la industrial y la del conocimiento. Y no es de pensar, donde como país podríamos colocarnos dentro de esta clasificación, sino reconocer que estamos en la era del conocimiento. Es en estos momentos en donde deben salir a relucir soluciones basadas en la aplicación del conocimiento para combatir el virus, pero también para la dinamización de la economía del país. El Dr. Jorge Iván Echeverría Permouth, estratega industrial, expresa: “En Guatemala, invertimos millones en sistemas de cómputo por décadas para las administraciones, y no lo hicimos para revolucionar los sistemas productivos del país, por eso nos quedamos tan atrás en todas las áreas; hemos confundido la era del conocimiento con la disponibilidad del computador”.

Es urgente establecer un cronograma de apertura responsable, aplicando rigurosas medidas de seguridad a nivel empresarial y a nivel individual; concienciar para disciplinar a los ciudadanos; privilegiar el teletrabajo en actividades que lo permitan, para no exponer a las personas; el uso de mascarillas, el distanciamiento social y la limpieza serán fundamentales para evitar el contagio, mientras no podamos aplicarnos una vacuna, pues lo más seguro es que no la tendremos disponible en Guatemala en por lo menos dos años, ya que los países con más recursos la obtendrán primero.

El Gobierno debe repensar su planificación y la disposición de presupuesto para esta planificación, de tal manera que no se desperdicien recursos que en muchos de los casos van a parar a los bolsillos de malos burócratas. Urge una reingeniería estatal. Seguramente esta pandemia nos traiga una Guatemala mejor, si nos disponemos a trabajar por el país, pensando en el bien común antes que en el particular.