Florescencia

Quetzal 1

Verdaderamente emociona presenciar eventos históricos que son positivos para Guatemala. Es un privilegio y también un desafío. La reciente entrega oficial del primer satélite guatemalteco, Quetzal 1, a la Agencia de Aeroexploración Espacial de Japón (JAXA), para su lanzamiento al espacio en abril o mayo del 2020, es un verdadero símbolo de avance y una noticia que debe llenarnos de alegría y esperanza; un hito que merece de admiración y respeto, un logro que engrandece el avance de la ciencia y el conocimiento guatemalteco.

El proyecto del satélite comenzó con cuatro estudiantes y dos profesores en el 2014 y terminó con la participación de más de cien personas, entre estudiantes, investigadores y docentes de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG): una muestra de lo que un equipo visionario con metas claras puede lograr. También revela el potencial que tiene el país y las capacidades para desarrollarse en campos complejos y abrir caminos en donde hasta ahora no se había incursionado. Quetzal 1 representa cuatro años de trabajo arduo, esfuerzo y dedicación de jóvenes, guiados por docentes comprometidos, conducidos por una visión y un sueño.

En lo personal y como guatemalteco, me llena de mucha alegría lo que estos estudiantes, profesores y voluntarios han logrado, no solo por el salto que representa para la academia y la ciencia, sino por el hecho de que en Guatemala se haya construido el primer satélite. Aún más feliz me pone saber que Quetzal 1 fue creado por jóvenes visionarios que superarán las limitaciones de las generaciones anteriores. Su logro es una muestra de que en nuestro país hay talento, capacidades y potencial para afrontar los retos del mundo moderno. También representa importantes beneficios nacionales por su razón y misión.

Resulta que Quetzal 1 es un satélite cúbico tipo CubeSat —tiene 10 centímetros por lado—, pero cuenta con los mismos dispositivos de un satélite grande, solo que en miniatura. Su misión será verificar desde el espacio la clorofila de la cianobacteria que afecta al Lago de Atitlán, y así contribuir con información para la investigación y aportar a su conservación.

Además de su propósito científico, este proyecto debe motivarnos como país a invertir en ciencia, tecnología y todos los campos que contribuyan a formar el talento humano para desarrollar y operar satélites. Guatemala necesita motivar a niños y jóvenes, y al mismo tiempo priorizar inversiones en programas de ciencia e ingeniería, para aportar en la solución de problemas reales. Por eso es lamentable la limitación de recursos para el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, los recortes al Ministerio de Cultura y la poca cantidad de becas en áreas tecnológicas.

Sin duda, desarrollar proyectos como los satélites es caro, pero Quetzal 1 nos da el ejemplo que, aun así, es posible. Cuando crees en tus sueños, te apasionas y esmeras, habrá otros que te ayuden a alcanzarlos. Por eso, en este caso apoyaron el proyecto instituciones y gobiernos como las embajadas de Japón, EE. UU., Reino Unido; la Oficina de Asuntos del Espacio Exterior de la ONU, JAXA, la Superintendencia de Telecomunicaciones de Guatemala, el Club de Radioaficionados Guatemaltecos, el Centro Internacional de Física Teórica, la Universidad de Wurzburgo (Alemania), la Agencia Espacial del Reino Unido, y la empresa británica Astrosat, entre otros.

Quetzal 1 es prueba de que, la educación y los modelos académicos innovadores pueden marcar la diferencia. Guatemala debe ponerle atención a la solución de las necesidades básicas en educación, pero también en desarrollar las competencias que exige el mundo moderno.