Catalejo

Recomendación para Gerardo Villa

Mario Antonio Sandoval

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Sinceramente, no puedo creerlo, por ser absurdo, hepático, inmaduro. La directiva de Municipal decidió vetar la presencia de los reporteros deportivos de Prensa Libre, Guatevisión y otros medios en los juegos donde participe como local ese equipo. Por respeto a la memoria de don Ernesto Villa, me dirijo a Gerardo, su hijo, para explicarle por qué encajan estos calificativos. Todo comenzó porque un patán jugador hizo gestos vulgares al público de un estadio. La directiva debe actuar con inmediatez para enmendar esa muestra de estulticia, como lo hubiera hecho cuando entre sus integrantes estaban don Neto, Mario Monterrosa y Amador Carballido, todos caballeros y de pensamiento maduro.

Prensa Libre publicó la foto, pero la directiva mencionada lo considera un ataque porque “no es noticia”. Le pregunto a Gerardo ¿qué hubiera pasado si un jugador del Barcelona, del Manchester, de la Juventus, hubiera hecho eso? Ojalá estemos de acuerdo en esto: toda la prensa deportiva del mundo lo habría publicado y los equipos en vez de hacer un berrinche con ilegalidades hubieran castigado al jugador. La medida es inútil: los reporteros pueden pagar su entrada y estar entre el público. Pero además, la acción es un irrespeto a los aficionados al futbol, en especial a los rojos, quienes tienen derecho de ser informados. Por eso, si a un medio “no le cae bien Municipal”, igual debe informar.

Hay otro aspecto: la información de los medios no debe tener crónica ni fotos del juego. Puede hacerse con un simple resumen de dos líneas con el resultado, pero no lo hace porque sería contraproducente. Por aparte, las decisiones tomadas afectan el derecho de sus seguidores, a quienes se debe el equipo. Me parece fácil de entender. La solución se facilita si se piensa en Municipal como una mezcla de institución y de empresa, un tema del cual se puede hablar mucho. Para finalizar, la decisión comentada hoy puede luego ser usada como precedente para impedir el ingreso de la prensa independiente a actos de entidades públicas y por eso constituye una forma de censura. En resumen, Gerardo: debes poner orden y con una simple orden tuya desfacer este entuerto, como dijo el Quijote.

 

Ahora… ¿qué hará?

Alejandro Giammattei, en un arranque de emoción y de ira, hace pocos días expresó a un grupo de ciudadanos, con gestos casi violentos, su decisión de no asistir a la Cumbre de las Américas organizada por Estados Unidos, porque de todos modos no iban a invitarlo. Pero, ¡oh sorpresa!, la invitación llegó de Washington e incluyó una frase cuya interpretación puede ser de constituir una ironía burlona, al indicar “como región (Guatemala incluida) abordaremos juntos nuestro compromiso para la prosperidad económica, los derechos humanos, la seguridad, los derechos humanos y la dignidad para la gente del Hemisferio Occidental”. Es una invitación en serio y pone en aprietos al presidente guatemalteco.

¿Y ahora? Cualquier decisión tiene efectos negativos. Si no va es una innecesaria y pueril ofensa a un país tan importante económica y políticamente para Guatemala. Si va, queda mal también, sobre todo por sus innecesarios señalamientos a “defender la soberanía del país”, para ganarse unas palmas. Otros presidentes pusieron condiciones para aceptar, y están en su derecho, pero es mayor su peso específico en el continente latinoamericano. La Cumbre de las Américas disminuyó su importancia casi desde la primera reunión, pero Trump se encargó de terminarla, por razones partidistas. Don Alejandro, recuerde: lea, no improvise, ni se emocione cuando está frente a público acarreado.