Catalejo

Repensar la economía y qué es el ser humano

Mario Antonio Sandoval

Los empresarios pueden cambiar el mundo. Hemos sobrevalorado la inteligencia y olvidado el corazón. Hay una inteligencia excesiva. Muchas de las personas inteligentes crean los problemas del mundo, aunque tengan doctorados. Necesitamos gente buena, que decida al servicio de quién quiere poner sus capacidades. Como banquero, sé que si un banco puede cambiar, cualquier empresa puede hacerlo. Estamos en el mercado.

La ética debe estar por encima de los precios. Como banquero, les pido que pierdan el miedo. Que se ponga la Ética como cuestión fundamental de la empresa, en su dirección. Para cambiar el mundo, las utilidades no deben ser el objetivo sino el resultado. Hay que tener el coraje de hacerlo y deben ser los empresarios y los banqueros y las grandes marcas.

Ojo con el post humanismo: la inteligencia artificial. Hay que repensar al ser humano. Hice la banca ética: define los criterios de en qué va a invertir y en qué no: la transparencia. Los clientes tienen el derecho y la responsabilidad de saber que se hará con su dinero. Se dice que el mercado tiene leyes propias. Pero el mercado no existe. Nosotros lo creamos. Si lo cambiamos, y cambia el mundo. Nos hemos enfocado sólo en el crecimiento, en una locura colectiva que empezó en 1989 al caer el muro de Berlín. Ya no podemos crecer más, ni tiene sentido. Es como un cáncer que acaba el organismo social, no da felicidad y afecta al resto del mundo. Ya no es tema de sostenibilidad sino de dar sentido a la vida.

Debemos repensar la economía mundial y qué es el ser humano: el 1% más rico tiene 99% de la producción total. Esto no es normal, lógico ni tolerable. Estamos destruyendo al planeta; nunca ha habido tantos recursos científicos y técnicos, pero hemos perdido la dignidad humana y todo lo enfocamos en el dinero, el crecimiento y los negocios. Hoy, la ciencia se ha enfocado en una visión reduccionista, simplista, del ser humano, considerado poco más que un animal. Se ha vuelto una sociedad enferma que necesita ayuda a recuperar la dignidad humana.

Hacemos música, escultura, poesía, porque somos humanos. Por innecesarias son tan importantes y las hacemos porque somos libres y creadores, y por amor. Lo que hacemos no lo hemos hecho en la vida social: el mercado, la bolsa, la competencia. Allí sí luchamos y nos canibalizamos. La dignificación emana del arte, lo debemos llevar a la vida social. Aprovechemos nuestro tiempo de vida para hacer algo que tenga sentido, con un propósito, y si es de ayudar a los demás, le da profundidad a la vida.

Empieza por la educación, que ahora es errónea, perversa, que educa hacia la competitividad. No se habla de poesía, ética o valores humanos. Se debe ser digno: sin respetar a los demás, no es posible serlo. Solo pensamos en la ley de la oferta y la demanda, maximizar beneficios, minimizar costes. Los demás, no importan. Es una perversión moral.

Hice la banca ética, que define los criterios de en qué va a invertir y en qué no. Es transparencia. Los clientes tienen el derecho y la responsabilidad de saber que se hará con su dinero. Irá creciendo el número de personas inconformes. Es el caso de las condiciones laborales infrahumanas, aunque sean legales. Los jóvenes están demandando conciencia, autenticidad. Lo que no sea ético, coherente, no tiene futuro. Se necesita un tsunami de conciencia.