Liberal sin neo

Reservas y sanciones

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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Las reservas internacionales de un gobierno, concretamente de su banco central o autoridad monetaria, son los valores en cartera de oro, títulos valores, efectivo, cuentas, depósitos y fondos denominados en monedas extranjeras. Son activos financieros denominados en diferentes monedas de reserva, siendo las principales el dólar estadounidense, euro, yen japonés, yuan chino (renminbi), franco suizo y la libra esterlina. De todos los países, China tiene el mayor nivel de reservas internacionales, con más de US$3.3 trillones —miles de miles de millones—, de las que aproximadamente dos tercios están en dólares, un quinto en euros y el resto en yen, libras esterlinas y otras. Le siguen Japón (US$1.36 trillones) y Suiza (US$1.1).

Las reservas internacionales del banco central, un activo, representan una suerte de respaldo de sus pasivos; el numerario en circulación, reservas bancarias, valores emitidos y depósitos recibidos. Las reservas le dan capacidad de maniobra al banco central o autoridad monetaria; pueden contribuir a manejar la inflación doméstica y puede comprar o vender reservas para influir en el valor de su propia moneda. Cuando el banco central vende reservas —vende US$, por ejemplo—, compra su moneda nacional y causa que esta se aprecie; si compra reservas internacionales, vende su moneda nacional, causando que esta se deprecie o devalúe.

Al cierre de abril 2022, el Banco de Guatemala (Banguat) tenía reservas monetarias internacionales netas de US$20.8 mil millones, un aumento de 10.6% respecto del mismo mes del año anterior. El balance general al 28 de febrero 2022 del Banguat muestra en el activo (en quetzales a Q7.71 x 1US$), Q3.3 mil millones en oro monetario, Q5.7 mil millones en unidades internacionales de cuenta, Q150.2 mil millones en inversiones en valores del exterior y US$74.2 millones en numerario del exterior, entre otros. La economía de Guatemala recibió US$15.3 mil millones en remesas “familiares” en 2021 y US$3.9 mil millones durante el primer trimestre de 2022; puede preverse que el Banguat continuará acumulando reservas.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, preparó pacientemente sus alforjas antes de invadir Ucrania. Rusia había estado acumulando reservas: de US$368 mil millones hace siete años, alcanzaron US$630 mil millones al tiempo de la invasión (revista Fortune), con bajos niveles de deuda externa. Cerca de la mitad de las reservas monetarias internacionales rusas se encuentran en cuentas en bancos fuera de ese país. Quizás Putin no esperaba una reacción tan fuerte de parte de Estados Unidos, la Unión Europea, Suiza y Japón: impusieron sanciones, básicamente negándole acceso a la mitad de las reservas rusas.

Independientemente de lo que se piense sobre la legitimidad o eficacia de las sanciones aplicadas a Rusia, tiene que poner un tanto nerviosos a muchos bancos centrales. Las sanciones a Rusia son un caso extremo, su severidad y alcance, inusual. Por otra parte, son una poderosa señal de lo que son capaces de hacer los gobiernos de EE. UU. y la Unión Europea: bloquear las reservas monetarias internacionales del banco central de un país, si se lo proponen. Estos gobiernos también se han dado a la tarea de confiscar propiedades de “oligarcas rusos”, una “extinción de dominio” sin proceso judicial.

Hoy deciden imponer este tipo de sanciones por una guerra, mañana podría ser por otros motivos, quizás políticos, de derechos humanos o cambio climático. Quién sabe, podrían aplicar sanciones para combatir las causas de raíz de la migración, o porque no les gusta a quien se nombró fiscal general.