La buena noticia

Rompieron en pedazos los sueños de los guatemaltecos

Víctor Manuel Ruano pvictorr@hotmail.com

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Si el mundo no ha aprendido “de tantas guerras y fracasos”, como lo señala el papa Francisco en Fratelli tutti, al reflexionar sobre “las sombras de un mundo cerrado”, lo mismo nos ha pasado a los guatemaltecos en nuestra historia, que ahora se agrava con la democracia corrupta que tenemos y la ausencia del estado de Derecho. Pero, sobre todo, nos pasó con el conflicto armado interno, cuyas consecuencias siguen latentes, mientras sectores oscuros reaccionarios en el poder pretenden olvidar, refugiándose en legalismos formales, rompiendo en pedazos los sueños de los guatemaltecos.

Sectores poderosos influyentes y aliados de políticos corruptos bien representados en la actual directiva del Congreso se niegan sistemáticamente a promover una agenda orientada a dignificar a las víctimas, averiguar la verdad histórica, hacer justicia y favorecer una reparación digna que sea el punto de partida “hacia diversas formas de integración” de la pluriculturalidad de pueblos coexistiendo en un pequeño territorio, capaz de ayudarnos a “superar las divisiones, favoreciendo la paz y la comunión” entre mayas, xinkas, garífunas y ladinos. Las élites económico-políticas, alejadas de la realidad, jamás se han preocupado por liderar “el sueño” de una Guatemala unida, “capaz de reconocer raíces comunes y alegrarse con la diversidad” existente entre nosotros para impulsar el desarrollo sostenible e intergeneracional que alcance a los sectores más empobrecidos.

Al contrario, estas élites se han afianzado dentro de las murallas de la impunidad, cooptando el Estado y alentando la confrontación entre los guatemaltecos. Incluso los llamados a la unidad del actual gobierno no logran involucrar a la ciudadanía, porque no representan sus intereses. Realmente no avanzamos. Cada 4 años, cuando llega un nuevo gobierno, se reavivan las esperanzas de la población por alcanzar sus sueños, anhelando desarrollo humano para todos, pero resulta que estamos “volviendo atrás”, lo cual se refleja en los altos niveles de corrupción de los gobernantes, quienes llegan a las instituciones del Estado a robar, desde los más altos organismos, como lo demuestran los hallazgos de la Feci, recientemente revelados, en el gobierno jimmymoralesco, que en nada se diferenció de los anteriores ni de los de hoy.

Nuestros “conflictos anacrónicos” se mantienen encendidos siempre y a punto de estallar, como ya sucedió y se constata en la realidad de un Estado rumbo al colapso por corrupto y criminal; además, los obstáculos que los ciudadanos enfrentan para sobrevivir se agigantan y los retos que debemos enfrentar juntos nos sobrepasan, porque no tenemos la fortaleza ni la capacidad organizativa para levantarnos y decirle a esa clase política: ¡Basta ya! Por la manera como se aborda la situación del país en los asuntos pequeños o grandes, resulta evidente que estamos permeados “por diversas ideologías”, incluso en las esferas eclesiásticas, que en lugar de complementar las distintas visiones de la realidad para construir estrategias que nos ayuden a transformarla, “crean nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social, enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales”, como lo hacen al defender una arcaica concepción de soberanía.

Esta es la eterna lucha entre las fuerzas llamadas de izquierda democrática y popular (no populista), que nunca han gobernado este país, y las fuerzas de derecha mercantilista y elitista, que sí lo han hecho, y es evidente el fracaso económico, social y político que sufrimos. Más allá de los condicionamientos ideológicos que las élites se interesan de exacerbar en momentos críticos de la vida nacional —ya sea para distraer a la opinión pública o para afianzar sus intereses hegemónicos, hasta para impedir los cambios que el país requiere—, es importante recordar que “cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún”, para reconstruir los sueños que nos robaron.