Catalejo

Se debe aceptar: ya es otro mundo

Mario Antonio Sandoval

El mundo es otro. Cambió, y en pocos días. Nos está afectando a todos y ya hay una cruzada internacional para encontrar la forma de fabricar una vacuna con la meta de detener la pandemia y así permitir a todos los seres humanos prepararse para vivir en las condiciones derivadas de las consecuencias de casos similares a través de la Historia. La Muerte visitará a todos los grupos sociales y económicos, sin excepción. Debido a ello, la tarea de quienes filosofan y por ello ven no solo el futuro inmediato, sino el mediato y a largo plazo, tiene una importancia renovada. Será largo el proceso para regresar al punto donde se encontraba el mundo hasta hasta cuando fue descubierto este virus en China, y se propagó por todo el planeta.

Las ideologías políticas, económicas, sociales, en la práctica están divididas entre el altruismo, es decir procurar al bien ajeno, lo cual no significa renunciar al propio, y el individualismo, defensor de la autonomía y supremacía de los derechos de cada uno sobre los de la sociedad y del Estado. Por supuesto, ambas posiciones se colocan en un punto intermedio y esta actitud tiene relación con la ética desde hace más de dos mil años. En las actuales circunstancias se encuentran revalorizadas. Se debe buscar el logro del beneficio general, pero individualizado. No importa si un remedio proviene de quienes han sido calificados de malos por razones políticas. Este, creo, es el primer cambio urgente y necesario en la manera de pensar y también de actuar.

Ya están siendo notorias las realidades provocadas por la pobreza, la precariedad económica. La principal forma de combatir el coronavirus es lavarse las manos, pero ello implica la presencia de agua, y además limpia, lo cual anuncia la muerte de muchos guatemaltecos cuando llegue en serio la pandemia. Implica además la obediencia y sobre todo la comprensión de las normas dictadas por el gobierno, aun en el caso de ser publicadas con traducción a las lenguas indígenas, por la precaria educación de la mayoría poblacional de Guatemala. Lo mismo ocurre con la salud y la nutrición de los niños. Esto no es ninguna novedad, se sabe y muy pocos hacen algo.

Se llegará pronto a valorizar lo verdaderamente importante. Ese altruismo es la base para asegurarse, por ejemplo, la tenencia de agua potable, la nutrición mínima adecuada, la educación con responsabilidad para el futuro. Pero especialmente, la lucha individual y a través del Estado contra la corrupción. Los males se multiplicarán a causa de este flagelo. Por eso, el presidente Giammattei tiene la obligación moral de deshacerse de los corruptos, tanto a su alrededor cercano como en las instituciones estatales. Se necesita el apoyo de todos, pero esto solo se logrará si se puede ver esa actitud sin excepciones. Los corruptos y quienes lo han sido por mucho tiempo impiden la integración de personas decentes en un esfuerzo ya posible de ver en el horizonte.

La valoración social de las tareas personales necesita cambios. Los médicos y el personal colateral deben ser vistos como soldados enviados al frente de batalla contra un enemigo indivisible. Algunos pagarán con su vida. Otros están hospitalizados por haber cuidado a personas en riesgo, como los ancianos. Quienes ayudan al prójimo necesitan ser reconocidos en su verdadero valor. En lo económico, se debe agradecer la tarea de mini y pequeñas empresas, mayores fuentes de empleo. De pronto, regresó el renacimiento de los valores humanos y necesita apoyo de cada persona. La validez de las tareas económicas y las políticas —incluso las religiosas— sufrirá cambios. Hasta la conciencia ecológica aumentará, así como la valoración del trabajo de la prensa.