Registro akásico

Se requiere iniciativa histórica

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

Los ferrocarriles ordenan la vida con sus salidas horarias. Se organiza un extenso equipo humano con garantías de permanencia. Pueden utilizarse motores eléctricos de manera directa, lo que mejora el aire que se respira en las ciudades. Evita el drenaje de divisas hacia los países exportadores de hidrocarburos, mientras genera interés en expandir la producción de energía limpia. La inversión se hace en equipos de larga vida donde se facilita la amortización. La seguridad de viajeros, operadores, vendedores, guardias etc. es mayor si se le compara con las flotas de autobuses. En fin, es un aliciente el anuncio que se activará la línea férrea existente en la Ciudad de Guatemala.

Siempre están los cortoplacistas de enfoques híbridos. Autobuses sobre rieles o ideas parecidas. Comisionistas impenitentes, vendedores de motores de combustión interna, a ser prohibidos en los países industrializados; en fin, la codicia del negocio individualista por encima de los intereses colectivos de largo plazo.

Por su parte, el presidente de México, AMLO, propone concluir un circuito ferroviario en la península de Yucatán. Si todo sigue de manera normal, se concluirá en 2022. Tendrá la función de transporte de pasajeros, en especial de turistas, así como de mercancías. La vía férrea tiene menor impacto en la conservación de la naturaleza si se le compara con las carreteras. Las estaciones obligan a concentrar y controlar la carga y el tren no se detiene en cualquier sitio para depredar los terrenos colindantes a la carretera. En consecuencia, se puede prever que la selva tendrá un ciclo de conservación más amplio, en lugar de continuar tolerando las brechas que avanzan sin control en las Reservas de la Biósfera Maya del país, como la colindante de Calakmul en México.

Se habla mucho de compartir los proyectos de desarrollo, de cooperar para el mejoramiento de los pueblos entre países vecinos, convertirse en socios para el progreso y otras declaraciones altisonantes. La pregunta clave es ¿se ha propuesto a México participar en su proyecto del tren maya a través de una conexión desde Guatemala? Acaso se necesita que lo sugiera el BID u otra agencia financiera.

No faltará quien diga que no se puede comenzar con fondos nacionales. En ayuda de los emprendedores y soñadores, el ejemplo del ferrocarril de los Altos se debe traer a cuenta. En 1921 por medio de un impuesto de tres pesos por botella de aguardiente y de bonos del Estado se capitalizó el proyecto. Fue el general José María Orellana quien otorgó el contrato de construcción a la Allgemeine Elektricitats Gesellschaft (AEG). Se firmó en 1922, incluida la hidroeléctrica de Santa María de Jesús para dotarlo de energía eléctrica. Los bonos cubrieron el 85% del total y se pagó el 8% de interés anual. Se les redimió totalmente en 1951. Cfr. Prensa Libre 3 de octubre de 2015. El dictador Ubico lo desechó para congraciarse con la International Railroads of Central America, Irca, filial de la United Fruit Company, la compañía bananera que dominaba gran parte de la economía del país.

Para liberar el transporte, se construyeron las carreteras a los puertos San José y Barrios. Cuando concluyó la concesión ferrocarrilera pasó a manos del Estado. Pero, el tren fue abandonado por los gobiernos militares del siglo pasado. Los gobiernos civiles que siguieron fueron incapaces de ponerlo en marcha, pues solo impulsaron negocios deshonestos. De nuevo existe la oportunidad de diversificar los medios de transporte. Solo hace falta el ánimo de servir a la nación, a través de una iniciativa honrada.