Catalejo

Sembraron vientos, cosechan tempestades

Mario Antonio Sandoval

Los refranes tienen aplicación en una miríada de circunstancias. El utilizado para el título de esta columna se puede aplicar en tres sucesos ocurridos en pocos días en Guatemala: el fin de la vida de la Cicig, la captura de Sandra Torres y los insultos de Jimmy Morales contra la prensa independiente. Mucho se ha dicho ya y se seguirá diciendo al respecto, pero creo importante una breve referencia para resumir algunas de sus causas. Vivimos en un país donde los acontecimientos pertenecen a una aglomeración de sucesos y a causa de eso solo se puede comentarlos en un período de tiempo muy corto, pues quedan atrás por los nuevos, más importantes, sorprendentes, increíbles, rechazables, vergonzosos. Es un realismo no mágico, sino en realidad de magia negra…

Fin de la Cicig

No haya guatemalteco interesado en los asuntos del país, sin una opinión ya formada acerca de la vergüenza necesaria llamada Cicig. En este momento el país está dividido entre quienes tienen una actitud triunfalista y consideran una victoria la declaratoria de non grato a Iván Velásquez. Los errores, algunos de ellos graves, de esta entidad internacional solicitada por Guatemala son ahora magnificados, mientras se minimizan sus acciones positivas. Esta actitud puede ser considerada como el deseo al regreso del statu quo previo, lo cual no solo es simplista, sino peligroso. La ciudadanía guatemalteca comenzó una etapa de comprensión de los derechos y de todos los ciudadanos, manifestada en forma clara. El próximo gobierno, adverso a la Cicig, tiene la tarea de demostrar al mundo su aceptación de algunas de las acciones en contra de la corrupción, porque el combate a esta es una de las acciones de las cuales depende no solo su supervivencia, sino el obstáculo para un candidato populista en las elecciones del 2023.

Prisión a Torres
Las fotos de Sandra Torres, la otrora mujer más poderosa políticamente hablando, ahora escondiéndose en forma poco digna tras un chal, una gorra y anteojos oscuros, con expresión facial descompuesta, son un claro ejemplo de la súbita manera como en política se puede dejar de ser alguien en fracciones de segundo. No he podido entender por qué no se fue del país, y la única explicación posible es la existencia de un “acuerdo de no agresión”, a fin de asegurarse de no caer en manos de la justicia. Esto es una conclusión mía, pero la creo con alguna base. El no haberse hecho realidad ese supuesto acuerdo causó un verdadero derrumbe, cuando se agregó la solicitud de cancelación del partido Unidad Nacional de la Esperanza. Los cambios en las leyes, irónicamente inspirados por la UNE, causan ahora la imposibilidad del transfuguismo de sus diputados y ya han comenzado las muestras de resquebrajamientos, esperadas. Ahora solo queda esperar a ver el desarrollo de la lenta justicia guatemalteca.

Insultos a la Prensa
Jimmy Morales —por mucho el peor presidente de toda la historia de Guatemala, y eso ya es decir bastante— por enésima vez arremetió en público de manera “trumpesca” contra la prensa independiente de Guatemala. La Asociación de Periodistas le exigió disculpas públicas, pero lo creo innecesario porque cualquier referencia al periodismo proveniente de él solo traerá insultos, diatribas y, en resumen, tonterías. Demuestra de nuevo su incapacidad de comprender cuál es el trabajo periodístico, y cree, por convencimiento propio, por deseo de imitar o por cualquier otra razón, en la maldad intrínseca del ejercicio de la libertad de expresión. En su caso, se trata de patadas de ahogado, porque solo faltan 22 semanas para su conversión en ciudadano común y corriente, sin inmunidad. Lo mejor será simplemente ignorar estas cantaletas, indignas de su actual cargo. Como estamos hablando de refranes populares, se le debe escuchar con la misma atención empleada cuando se escucha llover.