Catalejo

Serenidad como fuente de análisis a Trump

Mario Antonio Sandoval

Sin duda, es muy poco el tiempo pasado desde el asesinato de George Floyd a manos de un policía, y por ello aún no se pueden señalar las consecuencias a largo plazo. Las críticas y defensas a Donald Trump, tanto por su acción como por su pasividad, están basadas en una aceptación o rechazo viscerales, y por ello con intensidad emocional rayana en obcecación. Por eso son muy valiosos los criterios del exembajador estadounidense Stephen McFarland, quien representa una voz fuerte pero serena. Ha sido un diplomático de primer orden, analítico, quien en Guatemala representó muy bien su difícil papel de representante del presidente de Estados Unidos del 2008 al 2011, luego de un aprendizaje previo en otro puesto en esa representación diplomática.

Sería ridículo y absurdo dudar de las preocupaciones de McFarland, colocadas en su trabajo, aparecido ayer en elPeriódico. Contiene frases duras pero necesarias: “Pude ver cómo el poder y ambición pueden engatusar a un líder y sus acólitos”; “me duele el alma observar algunas similitudes entre estos países” (donde él sirvió)”. La crítica a Trump señala lo que hizo en Washington, al disolver con bombas lacrimógenas una manifestación pacífica; presentar “a los sitios de protesta como campos de batalla” (lo dijo el actual secretario de defensa); haber escogido pedir opinión a Putin en vez de a los cuatro expresidentes vivos; el rechazo al voto por correo, aunque él lo usó. McFarland teme la repetición del uso de netcenteros rusos para desinformar en las elecciones.

Por otra parte, se deben conocer datos de importancia actual, obtenidos de diversas fuentes. La población blanca en 1960 era 90%. Hoy, la hispana, 24%; asiática, 14; negra, 13; otros, 3, y el resto es blanco, mayoritario pero disminuyendo. Del 2013 al 2019, ha habido un promedio anual de 1,300 muertes a manos de la policía, o sea, 215 anuales. En cuanto a la imagen del país, habrá disminución de quienes lo ven son simpatía porque vivieron o estudiaron allí, y ahora están desencantados. En las próximas elecciones puede ocurrir: a) se reduce el voto de los moderados; b) al contrario, aumenta y hace peligrar la reelección; c) habrá muchos votos anti-Trump, no a favor de los demócratas; e) la lucha será feroz, y ampliando campañas negras y/ falsedades.

Las manifestaciones, al volverse violentas a causa de mareros o de agitadores infiltrados interna o externamente, perdieron su valor los primeros días y lo han mantenido al cesar el pillaje. Por su parte, los periodistas estadounidenses, antes seguros de no sufrir en su país acciones violentas dirigidas específicamente contra ellos, aprendieron mucho. Una fotógrafa perdió su ojo, al recibir el impacto directo de una bala policial de goma. Hasta el jueves se contabilizaban 125 ataques de policías a periodistas, algunos apresados por horas. Respecto al coronavirus, las manifestaciones rompieron los protocolos se seguridad y desviaron la atención del mundo a la pandemia, al juicio a Hillary Clinton y al Obamagate, escándalo ahora en la fase de capullo explosivo.

Trump rompió toda norma de seguridad al bajarse de carro presidencial, en una zona de riesgo, aunque policías hubieran desalojado violentamente a manifestantes pacíficos. Se dirigió al frente de un grupo —a mi juicio desordenado— de agentes del servicio secreto a la iglesia episcopal con el único fin de tomarse una foto con la Biblia en la mano, en un populismo religioso pronto criticado por pastores, pero aplaudido indirectamente por el exnuncio apostólico Carlo Vigano. Las críticas de exgenerales de muy alto nivel demuestran la gravedad de la crisis, pues han sido leales a su país, no a un presidente. Ahora hay una crisis religiosa en ciernes, y eso podría conducir a la “irlandización”. Repito: los análisis serenos llevan a conclusiones más preocupantes.