Pluma invitada

Si yo fuera presidente aplicaría la pena de muerte

El escritor guatemalteco Israel Montúfar Marroquín, residente desde hace años en Canadá, enfoca un tema de actualidad escrito hace tiempo, no ahora, en su libro Si yo fuera presidente. Corruplandia, un país de impunidad y anarquía, en que reactivaría la pena capital, ordenaría respeto a la libre emisión del pensamiento, acabaría con tanto matón y desmantelaría a políticos privilegiados y cínicos involucrados en corrupción, impunidad, inseguridad y saqueo económico. El compatriota es autor, además, de los libros Pido la palabra, Hasta el fin del mundo, Ostracismo y el mal de patria, La historia de mi vida y Tribulaciones de un alcalde mozalbete.

Su gobierno demostraría inmediata honradez para darle confianza al pueblo y recibir su apoyo, abriendo un mejor futuro a nuestra sacrificada patria. Daría seguridad a gente para que viva en paz, trabaje, camine a pie de día o noche sin ser atracada, herida o asesinada; viaje tranquila en autobuses y demás vehículos; salir a comprar medicina de noche o madrugada, denunciar a nacionales malévolos y expulsar a extranjeros indeseables. Evitaría que malos políticos continúen asaltando el poder y cometiendo fraudes electorales. Metería a prisión a vendedores ilegales de armas.

Aplicaría la pena capital a salvajes que con libertad matan diariamente a jóvenes, mujeres y hombres, buenos o no, así como a niños y demás inocentes.
Daría garantía a periodistas y medios informativos para ejercer tan importante misión. Depuraría constantemente a elementos de seguridad depravados. Mantendría estricto control institucional.

Desbarataría ajustes administrativos. Evitaría linchamientos mediante recta aplicación de justicia a los malvados. Castigaría legalmente a plagiarios, asaltantes, extorsionistas, ladrones y sicarios, así como a pilotos salvajes que ensangrientan diariamente calles y carreteras. Impondría trabajo a reos en fincas agrícolas para ayudar económicamente a sus familias. Combatiría la pobreza y velaría por el futuro educativo, mental, moral, físico y laboral de la juventud.

Presentaría proyectos al Congreso para emitir leyes que corrijan problemática nacional. Exigiría a jueces condenar o absolver a procesados dentro del tiempo legal. Controlaría precios de artículos de primera necesidad. Rompería burocracia gubernamental. Atacaría corrupción institucional. Acabaría con la contaminación ambiental —tema prioritario—. Prohibiría desperdicio y contagio del agua potable. Impulsaría que prisioneros y estudiantes siembren árboles.

Fortalecería hospitales con personal capacitado, salarios justos y equipos modernos. Enriquecería la educación con metodología actualizada, maestros capaces, material didáctico, refacciones, abolir uniformes, escuelas en montañas y reactivar la alfabetización, concluye Montúfar Marroquín.

El actual proceso electoral sufre violencia y sangre, candidatos asesinados, heridos, acusados, amenazados, capturados, cancelados, procesados y condenados. Más de 30 mil aspirantes presidenciales, diputados y alcaldes pocos capaces y honestos, muchos desconocidos, ineptos, rechazados, con promesas falsas; parlamentarios con cerca de 30 años en la guayaba, electores ignorantes que marcarán a la brava o comprometidos con prebendas; anímico empadronamiento de más de ocho mil ciudadanos, cuando existen más de 16 millones; anunciada cantidad de votos nulos, criticables resoluciones de tribunales, raquítica cifra de votantes jóvenes y prohibiciones a la prensa digna y vertical.