Catalejo

Siguen amenazas y peligros

Mario Antonio Sandoval

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La Sociedad Interamericana de Prensa, en sus conclusiones de la reciente reunión semestral realizada en Florida, confirmó los peligros muchas veces mortales del ejercicio del periodismo en América Latina, así como una serie, a veces adicional, en otros casos ya malos hábitos de los gobiernos del continente.

En resumen, 13 periodistas han sido asesinados (siete en México, dos en Brasil y dos en Colombia; uno en Haití y uno en Honduras). Las agresiones han aumentado en Cuba, México, Nicaragua y Venezuela; Cuba continúa encarcelando y condenando a periodistas; Nicaragua los persigue y amenaza, y confisca medios.

Aumentan las demandas millonarias contra periodistas en Colombia, El Salvador, Panamá y Perú. Esto, tristemente, no es una novedad. En Guatemala debe ponerse atención al párrafo respecto a la estigmatización, es decir la afrenta, y la descalificación, o sea el descrédito y la desautorización de la tarea periodística, “Que nace de los propios jefes de estado y se masifica a través de las redes sociales. Los otros países incluidos en esta lista son El Salvador, Brasil, Estados Unidos, México y Nicaragua. Ciertamente, los mandatarios de estas repúblicas se encuentran empleados en una lucha personal contra la tarea de la prensa, debido sobre todo a afectar los intereses políticos propios, o los eminentemente personales. En el caso guatemalteco, esa descalificación también es fomentada por sectores no gubernativos, como los académicos, empresariales, incluso religiosos.

Estos ataques van calando en las sociedades poco preparadas para comprender y/o aceptar los beneficios del periodismo profesional, y sectores interesados aprovechan los errores periodísticos, obviamente existentes. Nadie lo acepta en forma consciente, pero inconscientemente tales acusaciones tienen efecto. Se aplica aquella frase: “miente, miente, que algo queda”.

Muchas veces, algunos ciudadanos tienden a pensar en las críticas a los presidentes —sobre todo— como una muestra de mala fe, venganza, etcétera, pero estos informes institucionales serios deben servir para permitir a ellos entender la realidad desde otro ángulo. Quienes atacan al periodismo al mismo tiempo se declaran amigos del sistema democrático, pero esto es incongruente y por ello imposible.

Más proyecciones de documental

El fotógrafo Ricky López acaba de agregar un motivo más para considerarlo un buen guatemalteco. Hace algunos días se estrenó su película La serpiente emplumada, causante de un inusitado interés entre los guatemaltecos.

A los tres días iniciales de proyección se agregaron otros más, y ahora estará tres semanas adicionales en cartelera. Y hace pocos días se reunió con el presidente electo, Alejandro Giammattei, en una proyección privada, en la cual le manifestó su decisión de donarla al Estado, en forma gratuita, con la solicitud de su proyección en todas las escuelas primarias del país, como una de las actividades realizadas por el Ministerio de Educación cuando empiece el nuevo gobierno, es decir el 14 de enero a las 14 horas, como reza una frase acuñada hace poco.

Según estoy enterado, la documental está en cartelera y continuará hasta el 16 de octubre en los cines Cinépolis Portales, Miraflores, Oakland Mall, Naranjo, Rus y Cinemark Arkadia.

Es interesante notar cómo en los últimos años se ha incrementado la producción de películas guatemaltecas, o de cintas extranjeras con actores nacionales. Ya comienza a saberse de la premiación a algunas de estas cintas en festivales cinematográficos europeos.

La serpiente emplumada, como ya ha sido señalado desde su proyección inicial, es una cinta de primera en la categoría de documentales, cuyo fin casi siempre es despertar conciencias, enterarse de realidades, algunas veces dolorosas o inaceptables. El cine no necesariamente es el de evasión o de fantasías grotescas.