Mirador

Sobre el liberalismo

Pedro Trujillowww.miradorprensa.blogspot.com

Al poner especial énfasis en el individuo hay una equivocada percepción de que ser liberal es tener un pensamiento aislado de valores, único y lineal, lo que significa la negación de la esencia de dicha filosofía. Quizá la manera más adecuada —y completa— de abordar el tema consista en analizar el liberalismo desde, al menos, tres direcciones: económica, político-social e intelectual.

La visión económica aboga por el libre mercado y el menor Estado regulador. Libertad de producir y consumir puede ser la frase que sintetice y refleje el pensamiento. No hay que confundirlo, para nada, con el mercantilismo que algunos suelen asociar a los liberales con afán de desprestigio. Solicitar, aprobar o admitir privilegios de cualquier tipo destruye la visión de un mercado libre y competitivo y debe ser excluido de un discurso liberal y coherente. La competencia en igualdad de condiciones y en la que se respeten los contratos libres entre personas debe ser principios esenciales.

En lo político-social destacan los valores asociados a la democracia —o a la República—, como serían libertad de prensa, respeto a la propiedad privada, libre locomoción e igualdad ante la ley de cualquier persona, entre otros. Desde esta perspectiva, es necesario reconocer y admitir que aún están por desarrollarse —en el marco general descrito— las especificidades de una sociedad plural y multicultural como la guatemalteca. El respeto por la persona, por el individuo, pasa por comprender y aceptar las diferencias. Obviarlo, además de estar fuera del pensamiento liberal, impide asimilar la visión amplia e inclusiva y el aporte de todos los seres humanos que viven en el país.

Desde lo intelectual, es necesario reconocer en el país libertad de pensamiento, respeto a la libertad de expresión, de conciencia y de promoción de debates que permiten contrastar ideas. La única observación es que no siempre se hace en un espacio ausente de limitantes morales, éticas o religiosas que tienen todavía una especial incidencia en esta sociedad marcadamente tradicional. Las diferencias culturales generan dinámicas diferentes, aunque todas ellas tienen cabida dentro de los principios liberales. No obstante, seguimos siendo una sociedad extremadamente conservadora en la que es imposible debatir libremente temas como la diversidad sexual, la legalización de las drogas, la abolición de leyes relacionadas con el consumo de alcohol y otras que limitan el debate liberal y lo encasillan como marcadamente conservador.

Para algunos, ser liberal no significa serlo en todo: económico, político-social e intelectual; por el contrario, ciertas personas adoptan el liberalismo únicamente en alguno de esos ejes. Tampoco el liberal es anticlerical, como falsamente se difunde, siendo más cierto que las iglesias, en general, sean antiliberales porque en estructuras jerarquizadas y obedientes es difícil que encaje el pleno goce de la libertad individual. El liberalismo sin ética y valores no es entendible, aunque maliciosamente sea así presentado, al contraponerlo falsamente con el individualismo que promulga. La tolerancia y el respeto al otro, la apuesta por el libre mercado y por la propiedad privada, la aceptación de la libertad de expresión, el respeto a la vida, etc., conllevan necesariamente el respeto al prójimo, la observancia de valores y la práctica de principios éticos y morales sin los cuales no es sostenible lo que se predica.

Es labor de quienes practicamos el liberalismo difundir estas cuestiones y alejar fantasmas que acechan o se colocan interesadamente para embarrar posiciones que no gustan. La sensatez y valentía en la exposición de los principios también es un valor liberal que debe empujarnos a hablar abierta y decididamente de ello.