Catalejo

Sorprendente oferta de agentes estadounidenses

Mario Antonio Sandoval

Los mensajes estadounidenses a países como Guatemala, algunas veces son claros e inconfundibles, y en otras esa calificación es el resultado de sentarse a analizar quiénes son los partícipes en ofertas de colaboración y de apoyo. El lunes vino a Guatemala el señor Kevin McAleenan, nuevo secretario de Seguridad Nacional y un hombre reconocido por sus admiradores como un “halcón”, es decir alguien con actitudes enérgicas y mensajes claros y contundentes. Esto debe tomarse en cuenta como uno de los factores de la presencia de agentes federales relacionados con los grupos criminales especializados en el tráfico de personas indocumentadas, constituido a juicio de ese país como amenaza a la seguridad, tema causante de profunda preocupación en Washington.

Debe señalarse, de primera mano, el beneficio para Guatemala de la presencia de personal altamente calificado para el combate de las estructuras de delincuentes, ahora relacionados con el tráfico de personas, pero pronto, con toda seguridad, ampliados a las preocupantes áreas de acción de quienes trafican con drogas y utilizan como lugar de paso al territorio nacional. No debe olvidarse la coincidente violencia en aquellos municipios situados en las fronteras y/o en las rutas de la droga, facilitadas por numerosas autoridades, tanto locales como nacionales, lo cual hace pensar en las razones de ese interés estadounidense y sobre todo en la manera abierta de su mensaje, así como en la estatura del señor McKeenan dentro del andamiaje político actual de Washington.

En marzo último, en un acto de capricho casi insolente, las autoridades guatemaltecas decidieron hacer el show de ofrecer la devolución de los vehículos capacitados para enfrentar mejor a las oscuras fuerzas del narcotráfico. A los guatemaltecos interesados en estos temas les llamó la atención la manera calmada de la reacción del país donante, pero ahora la oferta de colaboración comentada hoy solo se puede interpretar como un deseo muy fuerte de la administración Trump, de aquellos imposibles de rechazar, aunque sea necesario realizar algunos ajustes en asuntos de convenios debidamente analizados, pero desde la perspectiva de ayudar a su implantación, no a suspenderla, interrumpirla o eliminarla, según sea el caso.

En referencia a las medidas necesarias para limitar la inmigración indocumentada, el interés de Estados Unidos evidencia, ojalá, real preocupación por los seis niños guatemaltecos muertos mientras estaban o justo después de estar bajo la protección, se supone, de las autoridades. Es válida la pregunta de cuándo comenzarán a llegar los agentes y cuántos serán, sobre todo tomando en cuenta la inminencia de las elecciones más misteriosas de la historia política de Guatemala. Un factor adicional, causante de preocupación, es el súbito cambio en el mayor puesto relacionado con la seguridad nacional de la administración de Washington. Al sur de la frontera, la funcionaria precedente fue considerada “halcona”, pero su salida parece haberse debido a ser considerada no suficientemente firme.

Limpias ya todas las dudas sobre la forma como será esa colaboración de los agentes federales, se debe explicar qué sucederá si hay discrepancias en los criterios a seguir. Cuál de ellos permanecerá, en otras palabras. Por aparte, nadie puede dudar siquiera de la incapacidad de Guatemala de enfrentar con éxito a las redes criminales internacionales. La lucha, si se toma en serio, es multinacional. El Triángulo Norte, pese a su pequeñez geográfica, puede afianzarse como una fuente de preocupación para quienes tienen a su cargo la seguridad nacional. Esta no será protegida con murallas, nunca efectivas a través de los siglos. El enfrentamiento con los delincuentes es urgente, como importante es el diseño de acciones cuyo efecto sea desmotivar la necesidad de emigrar.