Ventana

Subirse al balcón

Rita María Roesch clarinerormr@hotmail.com

Cuando estamos entre la espada y la pared. Cuando sentimos que tenemos la espada de Damocles pendiente de un hilo, balanceándose sobre nuestra cabeza. En fin, cuando estamos entre la vida o la muerte, podemos salir adelante si, a pesar de lo difícil de nuestra situación, recurrimos a este pensamiento: “siempre, siempre, por dura que sea la batalla, hay alternativas”. “El problema está en poder verlas”, agregó el Clarinero. Poder ver qué opciones tenemos en medio de la tormenta no es fácil. Tenemos que dejar el campo de batalla por unos instantes, subirnos al balcón, y desde allí observar cuál es el mejor camino que debemos tomar. Esta idea de “subirse al balcón” no es mía. Aprendí este modo de resolver problemas complejos de un querido amigo, Rodolfo Paiz Andrade, Fito (QEPD). A su vez, Fito cuando estuvo en Harvard, la aprendió de Ronald Heifetz, uno de sus maestros. Heifetz escribió un libro maravilloso: Leadership without easy answers (Liderazgo sin respuestas fáciles). Describe un método de subirse al balcón. Cuando uno se baja del balcón es porque ya vio no una, sino dos, tres, cuatro y hasta siete posibles soluciones y elegimos la que nuestro corazón nos indique. Puede ocurrir que las escenas que veamos desde el balcón nos estremezcan de tal forma que bajamos con otra manera de ver la vida, con un nuevo paradigma para vivirla y transformarla.

Este año político de elecciones en Guatemala se prevé difícil, complejo, por lo que decidí subirme al balcón y observar, desde allí, qué está ocurriendo para compartirlo con ustedes, estimados lectores. Vi que a algunos partidos políticos que ahora están en la contienda, especialmente los reciclados, puede ocurrirles el mismo destino de Hunbatz y Hunchouén. Lo narra sabiamente el Popol Vuh: van a perder su condición humana, les saldrán colas, se convertirán en monos y pasarán el resto de sus vidas viviendo en la selva. Según el mito (sugiero leerlo), Ixmucané, su abuela, tuvo varias oportunidades, o sea varios períodos de elecciones, para salvarlos, pero no pudo cumplir con esta sencilla condición: no debía reírse al verlos convertidos en monos. Lo peor que podría pasarle a Guatemala es que un par de esos monos ganara las elecciones y nos regresaran a vivir en la selva con ellos, como ya nos ha pasado antes.

Sin embargo, vi también desde el balcón, siguiendo las narraciones del Popol Vuh, que los héroes gemelos Hunahpú e Ixbalanqué, nietos también de Ixmucané y hermanos de padre de Hunbatz y Hunchouén, ganan esta batalla contra los monos antes de emprender su camino a Xibalbá. Esto querría decir, en medio de la vorágine de las elecciones de este año, que podría surgir una pareja de nuevos gemelos que se ganara el favor de los chapines y que finalmente lograremos emprender el camino hacia nuestro verdadero destino: desafiar y enfrentarnos a los señores de Xibalbá… que no es nada fácil. Cada nueva prueba que aparezca será una lucha de vida o muerte pero iremos avanzando en el camino, y no regresando… involucionando. Antes de bajarme del balcón vino a mi mente una última reflexión. A mediados del siglo pasado, Thomas Kuhn puso en el imaginario del mundo la idea de que, para evolucionar, la humanidad debe romper paradigma tras paradigma. Ese es el camino que las culturas han seguido para descubrir su potencial. Según Kuhn, para romper un paradigma y que ocurra un cambio realmente histórico es necesario que las generaciones que han creído en él desaparezcan, se extingan, porque difícilmente cambiarán su mentalidad mientras vivan. Lo mismo dice el Popol Vuh, solo que, en lugar de desaparecer, esas personas soberbias, con corazones egoístas y cargados de odio, involucionarán y permanecerán en la selva para siempre.