Catalejo

Suertazo para Maduro y resbalón para Biden

Mario Antonio Sandoval

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Se sabe cuál es la diferencia entre el estadista y el político: el primero piensa en la próxima generación; el segundo, en la próxima elección. Cuando hay comicios con riesgo de derrota, ganarlos es lo importante. Esto viene al caso al saberse de la reunión de representantes del gobierno estadounidense con gente de Nicolás Maduro, con el fin de comprarle petróleo, anunciado —otra vez— luego de publicaciones de prensa. Maduro, con suerte de gato panza arriba entendió lo obvio. Esa simple posibilidad lo consolida. Insiste en ser “aliado comprometido” de Putin, pero ahora negociará con Biden. El petróleo venezolano se produce al 10 por ciento de su capacidad, necesita ayuda técnica y la obtendrá, luego de la avalancha de descarados piropos madurescos a esa visita.

Hace poco nadie lo hubiera imaginado, por su surrealismo, Se debe ahora tratar de explicar la lógica de tal decisión estadounidense, y en un agregado resumen pueden señalarse “increibilidades” como haber aceptado como presidente legítimo a Guaidó, pero convertirlo en monigote con esta decisión, tomada mientras se incrementan los regímenes hostiles en América Latina. No se tomó en cuenta el criterio de los millones de personas favorables a Washington, ni el estupor generalizado. Europa está dividida en cuanto a la adquisición de petróleo ruso, aunque hay unidad en la posición contra la sangrienta invasión a Ucrania, cada vez más convertida en una carnicería y en una guerra llegada a la frontera con Polonia, aunque la acción militar de la OTAN ya es clara, aunque negada.

Desde la perspectiva interna, esta visita provocará un derrumbe de piedras lanzadas contra el techo de vidrio de los demócratas por los republicanos, cuyo líder Trump es declarado admirador de Putin, debilitando junto con los perdedores de las anteriores elecciones las acciones estadounidenses, necesitadas de apoyo interno porque en otros tiempos no hacerlo se hubiera declarado traición. Estados Unidos pelea la guerra militar y económica en favor de Ucrania, mientras pone a Europa en riesgo de un conflicto nuclear. Hasta ahora no hay voces disidentes en ninguno de los dos partidos, caracterizados por su ausencia de dirigentes de estatura internacional. Los ucranianos resisten, heroicamente, con una fuerza integrada por patriotas de toda edad y condición, pero tienen pocas posibilidades.

Las sorpresas son muchas veces increíbles, y no escapan los hechos políticos de ninguna índole. Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita son los mayores productores del mundo, pero desde hace muchos años la Unión Americana prefiere comprar fuera. Se entienden los motivos, pero no la decisión de negociar con Maduro, quien con plena sonrisa lo hizo público porque el hecho le otorga réditos políticos internos y externos, a pesar de los millones de venezolanos obligados a emigrar. El tirano lanza ahora vergonzosos piropos a quienes han sido blanco de sus diatribas. No tiene por qué preguntarse la razón del cambio de criterio estadounidense. A Biden, mientras tanto, de seguro pronto se le puede revertir la decisión, tomada por la visión estrecha de su equipo.

Los países poderosos no tienen palabra ni decencia sino solo intereses y a veces de algunos grupos, no de la población. El incumplimiento no se puede esconder, en la actual realidad de comunicaciones instantáneas y contadas en directo por miles de víctimas, con el resultado de un rechazo general causante de pérdida local y foránea de su imagen. Otra decisión incomprensible fue declarar país aliado extra OTAN a Colombia, donde pronto habrá elecciones. Y también es inexplicable el silencio de Washington sobre los negocios ilegales desde hace muchos años, pero ahora incrementados, de empresas rusas en la minería de níquel en Izabal, hechas con el apoyo personal e institucional de los funcionarios, y conocidos gracias a investigaciones de prensa.