Catalejo

Sugerencia a quienes niegan el coronavirus

Mario Antonio Sandoval

Ayer por la mañana se realizó frente al Congreso de la República una manifestación de personas transportadas en vehículos, para exigir, en resumen, la inmediata apertura del país. Poco antes del mediodía circuló un video en el cual un médico trató infructuosamente en la Avenida de las Américas de convencer a uno de los asistentes y a las dos de la tarde ya estaba circulando por las redes sociales una foto en la cual ese piloto aparece dos veces, una en el carro, con máscara, y otra con la cara descubierta. Lo identifican y señalan de tener una orden de captura desde el 1º de junio y de haberse beneficiado “con contratos millonarios”. Igualmente, en otro video la policía multa a una señora en un carro con las placas grotescamente pintadas, para circular.

Este caso es sintomático de la manera de actuar de demasiados guatemaltecos. El exdiputado Fernando Linares fue captado frente al Congreso, en un ejercicio de su libertad de expresión y por ello está protegido. En el caso del piloto, fue un intercambio de expresiones durante 17 minutos con un doctor deseoso de señalar, independientemente de todo aspecto político y económico, lo peligroso de no considerar real el grave riesgo de la pandemia, cuyo avance en Guatemala ya es innegable. Según expresó el conductor con claridad y en cámara, “están asustando con el petate del muerto. Esto no es grave; la enfermedad no es grave. Es una gripe fuerte, nada más”. Pero llevaba mascarilla… Agregó: “el sida es otra enfermedad creada, al igual que el coronavirus”.

En psicología se señalan los “mecanismos de defensa”, actitudes asumidas por el ser humano cuando niegan la verdad o no la pueden aceptar, por ser dura. . En este momento, personas cuyo nivel económico es de medio para arriba no quieren creer. Y “siempre se cree aquello que se quiere creer”, como señala otro refrán. Esas actitudes se derrumban con experiencias innegables y por eso creo como la única solución pedirles o exigirles a estas personas incrédulas porque así lo decidieron, visitar a las viudas, huérfanos, padres y todo otro familiar de quienes han muerto, y decirles mirándolos a los ojos “el coronavirus es una gripe fuerte, nada más”. Esto deberían hacerlo especialmente con los deudos, con los hijos pequeños de los médicos fallecidos, porque salieron al frente de batalla para cumplir con su juramento hipocrático.

Según ese pensamiento, los fallecidos en esa lucha, lejos de merecer el título de héroes porque aceptaron ir sin armas suficientes y conociendo los riesgos, deberían ser criticados por no dejar a los enfermos abandonados. Las condiciones de la lucha han sido deplorables y siguen así porque de nuevo siguen campantes el tortuguismo burocrático y la corrupción, especialmente esta última. En realidad no hay voluntad de bajar el riesgo de los contagiados a través de robos, pagos exagerados, etcétera. Los errores cometidos por el gobierno derivan de decisiones basadas en la voluntad de alguien con instintos dictatoriales tal vez desconocidos para él mismo. Es preocupante el ocultamiento del número de contagiados dentro de las más altas esferas del gobierno.

Lejos de eso, el país debe prepararse para erigir monumentos a estos caídos, en cualquiera de los servicios, y colocarlos en los parques centrales de los municipios donde haya nacido al menos uno de ellos. En las esculturas debería incluirse a una familia cuyo destino cambió para siempre por ser las víctimas desconocidas de esa desigual lucha. No puedo terminar este artículo sin señalar la necesidad de cambiar decisiones como confinamiento y cierre de pequeños negocios. Tal vez una campaña masiva y larga dirigida a los sectores económicamente débiles de la población pueda lograr el convencimiento de los peligros de salir a la calle sin necesidad. En resumen: el coronavirus es serio, y más en un país en las deplorables condiciones de Guatemala.