Catalejo

Tareas complementarias de Alejandro Giammattei

Mario Antonio Sandoval

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Alejandro Giammattei tiene la oportunidad de ganar la presidencia, y no solo la elección. Ha actuado de manera plausible en los últimos mensajes a la Nación, porque su tono fue sereno, tenía corbata, traje oscuro, es decir detalles en apariencia insignificantes pero no por ello menos importantes. Las decisiones anunciadas son explicables por esta emergencia fatal, sinónimo de inevitable, desgraciada, mala. El país ya comenzó a vivir en la forma como el mandatario decidió, seguramente asesorado –bien, esta vez. Ha sido ensordecedor el silencio de los politiqueros disfrazados de diputados o de grupos oenegeros, así como clara la voz, en general, del sector privado, organizado o no.

Se dio el primer paso en firme, y ahora toca analizarlo para descubrir los efectos de consecuencias no tomadas en cuenta. Es momento entonces de señalarlas porque se entiende su razón y sus buenas intenciones, así como la gravedad de la crisis. Es momento también de corregir el rumbo –no necesariamente de cambiarlo. Un buen ejemplo es el de la prohibición del servicio de transporte, en vez de mantener otras medidas, como utilizarlo solo a la mitad de sus capacidades. Quienes trabajan en empresas o entidades imposibilitadas de cerrar y fuera de la posibilidad de trabajo en línea, para llegar a sus empleos solamente tienen, de hecho, la posibilidad de caminar cuando carecen de vehículo propio si las empresas no tienen capacidad de contratar buses privados para llevarlos.

Lo creo: ya los guatemaltecos tenemos clara la seriedad de la crisis. Es momento de meditar acerca del criterio de considerar ético, pero además económicamente beneficioso, buscar el beneficio de la mayoría y de darle vacaciones al de una minoría o un individuo. Estas son elucubraciones imposibles de aplicar en una crisis. Irónicamente tiene el beneficio de estar en familia, de evaluar los gastos y de pensar en un futuro aún incierto. El Estado, obviamente funcional, tiene un papel de importancia, y el egoísmo del ser humano, no intrínseco sino endiosado, debe ser visto con otros ojos. El estado de Emergencia le otorga al presidente poderes de decisión cuyo empleo no puede ser constante, pero sí cuando se justifica, sobre todo para evitar la ganancia de pescadores en ese río revuelto.

Menciono dos casos: detener y posponer la elección de los miembros del Tribunal Supremo Electoral, para evitar nuevas tropelías en el Congreso, incluyendo al grupo politiquero oficial y sus compinches. Un segundo es la orden a los alcaldes municipales de no tomar decisiones propias. En esto, en caso de la Antigua Guatemala es claro. El jefe edil actual ha realizado una serie de malas acciones y grupos de vecinos están preocupados porque la ciudad puede ser despojada de sus valores históricos y, ahora, turísticos. Estos constituyen la razón de la visita de turistas extranjeros, cuyo número disminuirá talvez al mínimo a causa del coronavirus. Podría decirse con humor negro: el alcalde Víctor Hugo del Pozo lanzará a la ciudad en un profundo pozo.

Desde el lunes circulan fotos de maquinaria pesada en un bosque situado al lado derecho de la entrada a la ciudad. La municipalidad y el Consejo para la Protección de la Antigua Guatemala afirman no haber autorizado ese ni otros proyectos de semejante tamaño en otras áreas de las cercanías de la ciudad. Pero sí hay planos de localizaciones, cuyo tamaño es casi igual al de La Antigua, pero la administración edil y el CNPAG no autorizaron la idea, de beneficio exclusivo para los inversionistas, pero de riesgo para la importancia histórica, motivo de la importancia económica, por la vía del turismo para el país y esa ciudad. Alejandro Giammattei se está ganando la presidencia; ahora puede ser recordado por la historia como el salvador de la Ciudad de las Perpetuas Rosas.