Florescencia

Tiempo de solidaridad

Mis pensamientos y oraciones en estos tiempos difíciles para Guatemala y los países afectados por la depresión tropical Eta a su paso por el Caribe, en especial para las personas, familias y comunidades que han resultado damnificadas. No hay palabras de aliento para tanto dolor, pero sí empatía y solidaridad para encontrar fuerzas y resurgir.

No es la primera vez que pasamos por momentos de dificultad a raíz de un desastre natural. Tampoco será la primera vez que los guatemaltecos más favorecidos se vuelquen a ayudar, como ya lo están haciendo. Si algo nos caracteriza a los chapines es la empatía, la solidaridad y la hospitalidad. De ahí la resiliencia frente a las catástrofes y las etapas difíciles.

Nuestra gente ya se está sumando a los esfuerzos de ayuda y no está de más aprovechar este espacio para llamar a más personas a unirse y apoyar en lo que esté al alcance de nuestras posibilidades. Muchos hermanos han perdido prácticamente todo. Si está en nuestras manos aportar alimentos, ropa, medicamentos y artículos de primera necesidad, busquemos cómo canalizarlo a través de las iniciativas en las que más confiemos, sean privadas, centros comunitarios, iglesias, entidades no gubernamentales o instituciones oficiales –el punto es apoyar para aliviar el sufrimiento y dolor de quienes se han visto afectados—.

Es vital no olvidarnos de la salud mental de los damnificados. Por ello invito a profesionales que puedan brindar acompañamiento psicológico, y en especial a los más pequeños –niños y niñas—. Los traumas de los desastres naturales van más allá de la pérdida material e impactan el tejido social y cultural de las personas. Ayudemos sin descuidar nuestra salud y la de los demás. La dolorosa pandemia representa un doble reto, por lo que no podemos olvidar mantener las medidas de protección ante el coronavirus.

Las autoridades de nuestro país deben priorizar planes de prevención de desastres. Hemos sido catalogados entre los países más vulnerables a los efectos del cambio climático y también somos susceptibles a los desastres. En un país donde la mitad del año es época lluviosa, debería ser suficiente para que los gobiernos de turno implementen sistemas de alerta temprana y evacuación preventiva en lugares que representan riesgo.

Un sistema de prevención evita la pérdida de vidas. Estamos ante la oportunidad y el gran reto para que el país invierta decididamente en el desarrollo de la ciencia, base para la implementación de métodos preventivos. Guatemala tiene mucho talento y no dudo que existan ideas para llevarlos a cabo. Lo que necesitamos es que nuestros liderazgos asuman su compromiso de servir al país y trabajar siempre para el bien de los ciudadanos.

Los desastres naturales tienen impacto en todos los ámbitos del país; la pérdida de vidas humanas es irreparable. Los sobrevivientes vulnerables enfrentarán un doble desafío. Habrá un efecto dominó en la economía nacional porque las regiones más afectadas son Izabal, la parte noroccidental de Quiché (Ixcán), Alta Verapaz y el sur de Petén, que se caracterizan por ser importantes productores y proveedores de maíz y granos básicos para todo el país. Las pérdidas de cosechas impactan los precios de los alimentos y pueden agudizar los problemas de desnutrición.

La empatía y la solidaridad que los guatemaltecos mostramos ante estos desastres inspiran. Sigamos apoyando a los damnificados a través de donaciones monetarias, víveres o compartiendo información de puntos de recaudación en nuestras redes digitales. Cada acto hecho con amor cuenta.