Por la libertad

Un comienzo incierto

Antes de ayer se reportó la cifra más alta de contagios en un solo día desde que comenzó la pandemia del covid-19 y la positividad mayor en base a las pruebas realizadas. De las 5,889 pruebas que se hicieron, 1,809 salieron positivas, que equivale al 20.66% de positividad. El viceministro de Salud publicó un mensaje indicando que estamos ya en la segunda ola y que nos cuidemos evitando salir si no es necesario. Considero que esas advertencias son importantes y tienen que ver con la libertad y responsabilidad de cada persona.

Justamente, el camino a seguir ante la pandemia no es cerrar el país, como algunos consideran. Las advertencias y campañas que indican cómo estamos nos pueden servir para poder tomar decisiones sobre reforzar nuestras medidas de precaución en algunos momentos, para protegernos y proteger a nuestras familias. Con libertad y responsabilidad personal no minaremos la confianza necesaria para lograr esa recuperación económica que tanta falta nos hace.

Sin embargo, la incertidumbre es grande, precisamente por la desconfianza que existe por las medidas que pueda tomar el Gobierno. El año pasado se obligó a ciertas empresas consideradas arbitrariamente no esenciales a cerrar por un largo período y no era necesario. Muchas de ellas quebraron porque se descapitalizaron. El desempleo causado fue enorme y todavía mucha gente no consigue volver a trabajar. Las empresas que lograron abrir después de ese cierre están luchando, sobreviviendo, debido a que fueron gravemente afectadas en su capital de trabajo. La situación no es fácil, y si llega a ocurrírsele al Gobierno volver a cerrar estas empresas, veremos incrementarse el desempleo y las quiebras. No creo que el Gobierno pretenda hacer esto. Da la impresión de que se dieron cuenta de que esto no funcionó para contener la pandemia. Que estas empresas siguen protocolos que evitan el contagio y pueden operar perfectamente sin necesidad de que se tengan que cerrar. Pero mientras entramos en la segunda ola, el temor se ha apoderado de mucha gente y las especulaciones sobre si vuelve o no a haber un cierre como la vez pasada está en el aire. Y esto merma la confianza para invertir.

El año pasado esperábamos a inicio de año llegar a tener un crecimiento del PIB de aproximadamente 3.5% y terminamos aproximadamente en -2%. Este año, si no hay cierres, esperaríamos un crecimiento como el que traíamos antes, alrededor del 3.5% del PIB. Este es un crecimiento mediocre para un país pobre como el de Guatemala, debido al Gobierno con su excesivo mercantilismo y estatismo. Para lograr un mayor crecimiento, el Gobierno debe resolver todos los problemas que minan la confianza del inversionista, tales como las resoluciones de la Corte de Constitucionalidad que han cerrado hidroeléctricas y mineras en base a interpretaciones arbitrarias del Convenio 169 de la OIT. Este convenio les ha hecho mucho daño a los guatemaltecos pobres, al ahuyentar las inversiones que crearían oportunidades para todos. El crecimiento de inmigración ilegal a Estados Unidos tiene mucho que ver con esto, pues los más pobres, al no encontrar oportunidades de trabajo en el país, deciden arriesgarse y se van como sea a ese gran país, que sigue generando oportunidades en abundancia.

Para recuperar la confianza a los inversionistas, a modo de que traigan capital y monten fábricas que generen valor y oportunidades para todos, debemos hacer a un lado a ese gobierno que pone trabas con tantas regulaciones y denunciar el Convenio 169 de la OIT, entre otras cosas. Recuperar un sistema de justicia apegado a un verdadero estado de Derecho es fundamental. De lo contrario seguiremos creciendo por inercia a tasas ridículamente bajas, a pesar del Gobierno.