Liberal sin neo

Un ejercicio irracional

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Quienes piensan que la elaboración del presupuesto de ingresos y gastos del gobierno es un ejercicio racional basado en prioridades, quedarían desencantados al conocer la realidad e interioridades. El presupuesto está gobernado por la costumbre, innovación clientelar, transacción de intereses y cabildeo al margen. No hay tal cosa como una lista de prioridades y necesidades, ni mecanismos para descubrirlas y arribar a consensos sobre ellas. El gasto público no cuenta con instrumentos para medir y evaluar el logro o fracaso de objetivos inciertos. Alimenta una vasta burocracia que crece por inercia, cuyo propósito y efectividad no es sujeto de evaluación y corrección. Los programas de gobierno se perpetúan y crecen, y es muy raro que retrocedan o desaparezcan. Esta tendencia deja muy poco espacio para una reflexión serena sobre prioridades.

El pasado domingo, PL publicó un análisis de Iván Aguilar y Jorge Pernillo, que se enfoca en la desnutrición y el hambre en Guatemala. Los autores sostienen que “Los problemas estructurales no resueltos en Guatemala, afincados en la exclusión social y la desigualdad económica extrema, están siendo exacerbados por el cambio climático”. Es indiscutible que hay demasiada desnutrición y hambre, pero esta lamentable situación no es producto de la exclusión ni de la desigualdad, y menos aún del cambio climático. El motivo principal del hambre es la falta de inversión productiva que crea empleos remunerados. En el combate de la desnutrición, los autores ponen a Perú como ejemplo, pero no mencionan el crecimiento económico que ha tenido ese país durante este siglo, ni que exporta más de US$23 mil millones anuales en productos de la minería e hidrocarburos, actividades que son satanizadas y obstaculizadas en Guatemala. Los autores proponen que el Gobierno gaste más y mejor para combatir el hambre y la desnutrición.

El editorial de PL, ese mismo domingo, señala “el lamentable ritual anual de desprecio a las bellas artes, las expresiones estéticas y las vocaciones creativas de la música, la danza, la literatura y las disciplinas visuales: la asignación presupuestaria no solo es la más baja… sino que además va mayoritariamente… a la supuesta promoción del deporte”. Si algo tienen en común muchos artistas, es creer que el Estado —los tributarios— deben financiar sus actividades.

En la misma fila donde está el hambriento y desnutrido, el enfermo, el pintor, el músico, el bailarín y el atleta están haciendo cola una infinidad de actores que piensan que su reclamo sobre el erario público es prioritario, empezando por los sindicatos. Al procurador de los Derechos Humanos no le alcanzan los fondos, ni a la Usac, ni al Mineduc, ni a los hospitales nacionales, ni a las interminables secretarías y dependencias. No alcanza para reparar escuelas y carreteras o para introducir agua potable. Los más ingenuos creen que todo esto se resuelve con extraer los recursos de ese bolsillo sin fondo que tienen “los ricos”.

Guatemala necesita urgentemente producir más y tener un gasto público racionalmente enfocado a prioridades. Lamentablemente, no están dadas las condiciones para encaminarse a estos dos objetivos. En Guatemala, la actividad productiva, la famosa creación de riqueza, se mantiene encadenada al paradigma de que la fortuna de unos es la causa de la pobreza de otros. Las actividades y gasto del Gobierno se ven dominadas por la dependencia de ruta, la burocracia no abandona territorio que ya ocupa ni es capaz de corregir rumbo, menos aún de priorizar. ¿Qué porcentaje del gasto del Gobierno se asigna a “prioridades”?