Hagamos la diferencia

Un pueblo hastiado y sin respuestas

Samuel Reyes Gómez samreygo@yahoo.com

El panorama se repite, otro presidente desgastado en relativo poco tiempo, las esperanzas se disipan otra vez, el círculo vicioso de presidentes que llegan al poder y se acomodan en las mieles del mismo vuelve a manifestarse. Total, es mejor amoldarse a disfrutar del entorno faraónico que se le forma al gobernante en turno, alejándolo de la realidad nacional, con comidas gurmé servidas en la Casa Presidencial que contrastan con la escasez de alimentos en la población en general y con dádivas a su ego. Lo más lamentable es que se olvidan casi por completo de las promesas de campaña. Los poderes ocultos continúan manteniendo el statu quo y al gobernante en una burbuja de la que no le permiten asomarse para observar la realidad nacional. Al actual presidente se le olvidó su promesa de disolver la SAAS, retirar al país del Parlamento Centroamericano y eliminar el Ministerio de Desarrollo. Y lo que es más, ya no está en la disposición que manifestó de oponerse a las estructuras porque, como dijo, “estaba viviendo de más”. Más bien, creó el Centro de Gobierno, con duplicidad de funciones y gastos innecesarios, al mando de un personaje de cuestionable capacidad profesional, pero a quien es evidente se le quiere complacer. El pueblo vuelve a las plazas a manifestar su repudio, ahora con réplicas en los departamentos, en forma cívica y ordenada, pero como siempre, se le infiltran bochincheros a alterar el orden y ahora con fuertes sospechas que cuentan con el beneplácito de las autoridades, quienes en forma desesperada consideran que crear violencia es una forma de desgastar este tipo de movimientos.

La era democrática, que ha garantizado la elección del presidente en las urnas y no con fraude, como ocurría en las épocas militares, no ha rendido frutos, debido al entretejido político alrededor de los puestos en disputa y de la infiltración de fondos oscuros que atan el futuro de los gobernantes. El sistema no permite que personas notables ni intelectuales asuman la responsabilidad de conducir el país. La corrupción golpea galopante sobre todo el sistema político, volviendo a colocar piezas que se pliegan a sus intereses mezquinos, al esquilmar los fondos estatales, sin oportunidad de una inversión en pro del desarrollo del país. Como lo expresa Sáenz de Tejada: “Las condiciones para la competencia electoral, especialmente en lo referido a financiamiento y presencia en medios de comunicación, sigue siendo desigual, de tal suerte que los partidos y candidatos que consiguen más recursos financieros tienen mejores resultados. Esto ha creado una suerte de distorsión en el sistema político, que ha tendido a la continuidad del statu quo y a preservar las desigualdades sociales. Se da continuidad de un modelo de acumulación concentrador y excluyente, y caracterizado por la imposibilidad del Estado para implementar políticas distributivas o redistributivas”.

El pueblo, hastiado y sin esperanza, acude de nuevo a la Plaza, esperando respuestas. Parece ser que esto ha asustado al presidente, quien acudió a la OEA para solicitar apoyo. Sin embargo, en esta ocasión, no hay apoyo para los manifestantes de los gobiernos interesados en el manejo del país. Es importante que surja un liderazgo genuino en pro del país, que se desmarque de todos los politiqueros actuales y que presente caras nuevas sin nexos en el pasado oscuro de la Nación, que piense en reestructurar las instituciones gubernamentales, que ejecute la abundante planificación existente y que ponga los recursos al servicio de la Nación. Deben eliminarse entidades gubernamentales que tienen cero impacto, en un proceso de reingeniería, e ingresar en la verdadera modernidad estatal, que busque el desarrollo, con castigos severos para la corrupción y para los burócratas que no muestren resultados. Los movimientos en las plazas ahora deberán dar frutos, al tener un hilo conductor que aglutine los pensamientos progresistas sin intereses mezquinos. Se vale soñar…