Catalejo

Una compra, oscura; otra, oscura e ilógica

Mario Antonio Sandoval

Los dos últimos días han sido desastrosos para Jimmy Morales, porque gracias a publicaciones de prensa —con razón la desprecian tanto— se conoció de un gasto oculto cuyo total asciende a 305 millones de quetzales para equipo militar. Está de nuevo empantanado en una cantidad de sospechas aún mayores a las anteriores de su régimen, a causa de los negocios turbios, inconvenientes y absurdos, además de otro aparentemente bueno en cuanto a lo adquirido, pero también oscuro porque no se conocen las condiciones de los dos acuerdos, ni se sabe si han sido llenados los requerimientos estatales. La compra de los aparatos construidos por la Fábrica Argentina de Aviones “hizo posible lo imposible”, dijo su director, solamente han volado dos de estos jet de combate y entrenamiento capaces de ser usados para acciones aire-aire o aire-tierra.

El gobierno intenta relacionar las dos adquisiciones con la lucha contra el narcotráfico. Se debe analizar si esto es cierto o incluso posible emplearlas para enfrentar en el aire o en las pistas clandestinas a los aviones cargados de drogas. La fábrica fue abierta en tiempo de Kirchner y durante diez años no produjo aviones, según dijo en público el presidente Macri. Hay dos prototipos, en total han sido construidas cinco unidades y Guatemala es el primer cliente, una posición riesgosa porque pueden necesitar cambios en sus equipos. Nada se ha dicho de cuánto tiempo pasará antes de la llegada a Guatemala de los dos aparatos, ni de cómo son las condiciones para la adquisición de repuestos.

La compra fue admitida por los presidentes Morales y Macri, mientras en Guatemala el vicepresidente Jafet Cabrera se ponía de nuevo en ridículo y demostraba la falta de comunicación interna del gobierno, o talvez su lugar tan secundario. Se burló de la pregunta de una reportera de Guatevisión y le recriminó por qué no solicitaba aumento de su sueldo. La incapacidad del equipo gubernativo está acompañada de una alta dosis de estulticia. Para su mala suerte, por la tarde de ese mismo día —ayer— se conoció otro secreto para una abrumadora mayoría de la adquisición de una nave acuática de fabricación colombiana, capacitada para el combate al narcotráfico. El costo es de 90 millones de quetzales, con lo cual las adquisiciones alcanzan los ya mencionados Q300 millones.

A mi criterio es fácil comprender por qué es correcta la calificación de una compra oscura y la otra, además, ilógica. Un factor fundamental es la mínima credibilidad existente entre la población acerca de todas las acciones gubernativas o de sus compinches. El más claro ejemplo es el pacto de corruptos en el Congreso, cuya relación con el actual gobierno es evidente y vergonzosa. Debido a la casi ilimitada capacidad económica del narcotráfico, otro riesgo se agrega: el de la posibilidad de ser hundido el barco colombiano o destruidos en el aire o en tierra los aviones. Por ello, surge en el horizonte una duda adicional: por qué no se ha solicitado la ayuda a Donald Trump, de quien Jimmy Morales es un atento y seguro servidor, por decir lo mínimo.

Por aparte, la aberración de convertir a Guatemala en un “tercer país seguro” es lo peor ocurrido en las relaciones guatemalteco-estadounidenses. No hay dinero ni para dar medicinas suficientes a los ciudadanos del país, mucho menos alimentar y dar alojamiento y trabajo a miles de forzados emigrantes indocumentados cuyo motivo de escapar de sus países, incluyendo Guatemala, es el hambre y el temor por sus vidas a causa de todo tipo de delincuencia. El incapaz equipo de gobierno actual, a pesar de solo faltarle seis meses, todavía tiene posibilidades muy reales de causar aún más daño a Guatemala, donde se cumplen las palabras de Napoleón: “El mundo sufre mucho, no por la violencia de los malos, sino por el silencio de los buenos”.