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Una mirada a 1821, 1921 y 2021

José Molina Calderón josemolina@live.com

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El bicentenario de la Independencia dio lugar al libro de María Lorena Castellanos y Carlos Sabino, titulado La Independencia y el Centenario. Una mirada desde el siglo XXI. Guatemala, Editorial SET, 2021, 258 páginas.

La carátula del libro es muy original. Reproduce el anverso de la medalla que lleva como texto grabadas las palabras Centenario de Centro América 1821-1921. En el Centenario se acuñaron varias medallas conmemorativas. Un resumen del mismo se da a conocer seguidamente.

Los autores reflexionan sobre el destino del país, tomando de algún modo lo particular que tienen las fechas: la de 1821, que comenzó el camino de la independencia; la de un siglo después, cuando Guatemala celebró el Centenario, luego de haber atravesado por increíbles y casi olvidados desafíos; y la de hoy, 2021, la de este presente que habitamos.

Se han cumplido 200 años desde aquel día en que Guatemala, la Guatemala grande que abarcaba toda la América Central, se declaró independiente.

No fue, por supuesto, un suceso fortuito. El imperio de España vivía tremendas convulsiones desde 1808… Fue, por eso, un cambio que no nos dejó héroes guerreros como en otras latitudes de nuestra América, pero que nos ahorró, al menos en esos primeros momentos, mucha sangre y mucho dolor.

El hecho, como puede verse en la historiografía, ha sido más controversial de lo que podría imaginarse. Se sostiene con frecuencia que la independencia fue solo formal, limitada, carente del relieve o trascendencia; se critica con acidez nuestra incorporación al fugaz imperio que en México se estableció por esos años; se resaltan nuestra debilidad frente a potencias extranjeras y los sangrientos conflictos que luego se produjeron.

Si bien es cierto que los sucesos inmediatamente posteriores parecen dar cierta razón a estas visiones más bien pesimistas, no debe dejarse de lado que ese fue un primer paso, necesario y hasta imprescindible, en la senda de construir una nueva nación, ya no sujeta a una subordinación política que se hacía cada vez menos soportable.

Los autores tratan de exponer, en la primera parte de este libro, una visión lo más objetiva y desapasionada que resulte posible de lo sucedido en aquellos tiempos, colocándolos en el lugar de quienes intervinieron en el proceso, tomando en cuenta sus valores y sus ideas, los peculiares desafíos que tuvieron que afrontar y las limitaciones que tenían para actuar.

Una novedad de la investigación es que no se detienen en 1821, porque la conexión con el presente resultaría demasiado tenue y distante. Indagan sobre lo sucedido un siglo después, cuando se llegó a las celebraciones del centenario tras soportar retos de magnitud impresionante y vivir intensos conflictos.

Así, en la segunda parte, se aborda la narración y el análisis de los acontecimientos de una época sobre la que muy poco se ha detenido la historiografía guatemalteca. Aun cuando si abundan los escritos sobre la independencia son, en cambio, muy escasos los trabajos que relatan de un modo serio y bien documentado, la situación que vivía Guatemala en esos años previos a 1921, en los que el país atravesó singulares desafíos, poco conocidos por las generaciones posteriores. Se puede así revivir, con lujo de detalles, el ambiente, los festejos y la forma en que los habitantes del país rememoraron la Independencia.

Se recapitula desde el atalaya del presente, 2021, esos dos grandes momentos de nuestra historia, sin optimismos vanos pero tampoco deprimentes pesimismos.