Catalejo

Una realidad novelada escrita según se ha visto

Mario Antonio Sandoval

Publicado el

Las conferencias de personas como Arturo Pérez Reverte, el periodista, escritor y miembro de la Real Academia de la Lengua, tienen la particularidad de presentar en forma simple y al mismo tiempo cruda algunas frases de profundidad muy valiosa. Lo escuché en Sevilla con motivo del XVI Congreso de la Lengua Española y pensé en la explicación explícita en sus palabras acerca de la realidad política actual en la democracia de varios países. Me agradó su frase “lo que cuento lo he visto”, pues fue corresponsal de guerra en varios lugares del planeta, sobre todo en el Oriente Medio, y atestiguó los horrores de violaciones de mujeres, asesinato de niños y toda la serie de comprobaciones de la maldad humana.

Dejó el periodismo y se embarcó en la novela. Es ficción, pero basada en la realidad cruda. Habla sin tapujos y señala la necesidad de buscar en la sombra, de oler los olores, como le dijo alguna vez un guerrero en el frente de batalla islámico. Por ello, afirma, admira el valor, la dignidad e incluso la maldad de quien actúa desde parámetros culturales distintos. Admira a quien es leal y al valiente, y considera imperdonable a la deslealtad. En sus experiencias en el frente de batalla, “le quitaron a mordiscos las ingenuidades de los valores”, frase lapidaria para quienes pensamos en la validez de estos. Pese a ello, quienes los sostienen “van con calma hacia la eternidad”, en vez de hundirse en “la mediocridad, la chatura”.

En su conferencia, Pérez Reverte se refirió a la manera de vivir en los tiempos actuales. Los políticos, dice, representan a una mala generación, en la cual la educación (al menos en Europa), destruye la individualidad cuya meta es hacerlo todo fácil, simple, y convierte a la inteligencia en algo incómodo. Se olvida el horror, el temor, de la vida, y ello es el resultado de “habernos olvidado de nuestros abuelos” y con ello surge gente marginal, pero necesitada de códigos propios para sobrevivir. A mi juicio, es una forma de referirse a los mareros, quienes necesitan sobrevivir pero al mismo tiempo ven a la muerte como lo más natural, a causa de su ritmo de vida, tan distinto al de la realidad europea pero al mismo tiempo igual de horroroso.

Dos frases me impactaron: huir de la realidad, “sólo vale para morir cansado”. Me pregunto si los guatemaltecos, como grupo, no vivimos ahora las consecuencias de habernos olvidado de los abuelos, y de temer morir cansados. Porque la realidad cansa, agota, desmotiva. Y en esto la actitud de los políticos y de otros grupos sociales tiene una importancia y una responsabilidad fundamentales. Los acontecimientos en toda América Latina pueden ser mejor comprendidos si se agrega este factor. Y un escritor, periodista-filósofo como Pérez Reverte puede ayudar a la comprensión generalizada de cuáles deben ser los cambios en la vida del siglo XXI para evitar el derrumbe de la democracia y al mismo tiempo la destrucción del planeta en un tiempo muy corto.

Las afirmaciones de Pérez Reverte destacan porque se pueden aplicar a la realidad de todos los países, claro está, con matices diferentes y especialmente en las diversas divisiones sociales de aquellos donde las desigualdades son enormes y donde resulta muy molesto para muchos cuando se habla de lealtad, o de respeto a quien piensa distinto. No lo dijo, pero yo lo imagino buscando soluciones a la realidad del mundo actual, talvez lo hace por la vía de las novelas, cuya trama básica la dicta la vida, y las complementarias las imagina el escritor. La forma de escribir, su manera directa, lo delata como periodista, profesión cuya meta es hoy explicar lo inexplicable y permitir comprender lo incomprensible.