Catalejo

Varias preguntas para Alejandro Giammattei

Mario Antonio Sandoval

A sólo cuatro días de la toma de posesión, los guatemaltecos afianzamos una curiosidad muy válida: conocer la respuesta a una serie de preguntas al nuevo presidente, Alejandro Giammattei. También deben ser respondidas por el vicepresidente Guillermo Castillo, porque el prestigio personal de ambos se encuentra en la balanza y porque tiene acciones propias muy importantes, señaladas en la propia Constitución de la República. Es necesario agregar a los funcionarios relacionados con Guatemala de la comunidad de los países amigos y de las organizaciones mundiales y latinoamericanas. Esto es el resultado de la profundidad del abismo diplomático a donde fue llevado el país por la caterva (gente desordenada) en cuyas manos naufragó la Cancillería.

Comienzo el listado de muchas dudas propias y de seguro también compartidas por la ciudadanía consciente. ¿Cómo será este gobierno entrante? ¿Cómo actuará el jefe del Ejecutivo, figura central en los sistemas presidencialistas como el guatemalteco? ¿Tendrá claras sus obligaciones para con los guatemaltecos, con quienes no necesariamente votaron a favor de él sino contra su adversaria? ¿Tiene clara la importancia crucial para él mismo, en especial, de pasar a la historia como alguien con el valor y la entereza de tomar las decisiones necesarias de beneficio para el país, aunque ello afecte los intereses de quienes lo apoyaron, sobre todo económicamente? ¿Tiene claros los aspectos relacionados con la ideología política, ahora apoyada por gente de todo tipo de intereses?

¿Está consciente del fundamental papel de los medios informativos profesionales, como única forma de detener la avalancha de mentiras divulgadas por las redes sociales por medio del uso de netcenters anónimos y cobardes? ¿Está dispuesto a actuar de manera serena, no impetuosa ni irreflexiva, cuando se entere de la publicación o la expresión de puntos de vista diversos a los propios y a los de los lambiscones? ¿Tiene clara la imposibilidad de ocultar acciones gubernativas cuestionables o claramente ilegales a causa del cambio de la actitud ciudadana sobre todo joven, dispuesta a recibir respuestas claras? ¿Respetará las instituciones del gobierno por medio de no colocar a ineptos y corruptos, y también del Estado, sobre todo en los poderes Legislativo y Judicial?

¿Comprende la importancia de gobernar a todos los integrantes de un Estado laico, lo cual no significa antirreligioso, y de no manifestarse en términos de feligresías religiosas cuando hable en público? ¿Tiene clara la diferencia entre ser religioso y ser espiritual, así como la diferencia entre el estrado y el púlpito? ¿Recordará el viejo adagio o dicho “libérame, Dios, de mis amigos, que de mis enemigos me puedo librar yo”? ¿Considera la llegada de personas cercanas a funciones públicas como el motivo para ser severo, exacto y riguroso, sin tolerar ningún tipo de acciones cuestionables? ¿Se conformará con aplicar la letra muerta de la ley, no el espíritu o la filosofía del derecho? ¿Considera la acción de gobernar como una búsqueda del beneficio general, no grupal ni particular?

¿Aprovechará la oportunidad para devolverle a la Presidencia su ahora inexistente prestigio? ¿Le temblará la mano cuando deba despedir a quienes al no cumplir con las obligaciones, sobre todo éticas, hayan puesto en peligro la incipiente confianza popular y con ello a la Presidencia? ¿Comprende la vigilancia constante de la población consciente hacia todas las acciones del gobierno, sobre todo de la población mayoritaria, es decir aquella ya no dispuesta a tolerar abusos tolerados por quienes eran jóvenes cuando comenzó el ahora desfalleciente sistema democrático electoral? ¿Tiene el orgullo y hasta la vanidad suficientes para asegurar su ingreso a la Historia por la puerta grande? ¿Tiene clara la realidad del valor de su capital político real, es decir el apoyo popular?