Catalejo

Villacorta intenta “desetnizar” la política

Mario Antonio Sandoval

La presencia de Manuel Villacorta como aspirante a la presidencia postulado por el partido Winaq llama la atención porque se trata de una persona étnicamente perteneciente al grupo social conocido en nuestro país como “ladino”, un grupo político donde es mayoritaria la presencia de representantes de las múltiples etnias del país. Eso en sí es un factor importante, porque se puede ver como un intento de deshacer la separación étnica exacerbada en los últimos años por intereses espurios tanto internos como extranjeros. Su calidad de profesor universitario le hace tener una sin duda sólida preparación teórica de la política y se le puede considerar como alguien con quien se puede discutir desde posiciones ideológicas, económicas o sociales distintas, sin llegar a la confrontación.

A mi criterio, es arriesgado el salto de la cátedra a la lucha politiquera de Guatemala, porque si es derrotado se pierde a un buen analista, como lo han comprobado sus columnas. Y por el lado de la inexperiencia política práctica, algunas de sus afirmaciones son hasta cierto punto preocupantes, como la necesidad de reformar la Constitución, sin decir cómo y quién lo hará. Según afirma con entusiasmo, los guatemaltecos votarán por él y su partido porque “ya tenemos experiencia”, debido a haber sufrido los efectos de ser gobernados por “militares, empresarios y un out sider”, Sin embargo, la oferta electoral es demasiado amplia y en los núcleos étnicos integrantes de Winaq existe la totalidad de divisiones presentes en la sociedad guatemalteca.

Villacorta responsabiliza a “la derecha” de la totalidad de los problemas del país, pero no menciona la parte correspondiente a “la izquierda”. Sin embargo, hace un planteamiento ya común en otros países, pero nuevo en Guatemala: no analizar propuestas ni proyectos desde dicha posición ya históricamente debilitada —aunque con visos de renacimiento—, sino analizar si esas ideas responden a necesidades reales del país para comenzar siquiera la solución de problemas policentenarios. Como consecuencia de este pensamiento, se puede colegir la posible “izquierdización” de la derecha y la “derechización” de la izquierda. Un ejemplo lo dieron sus comentarios adversos a Joviel Acevedo, quien cada vez es visto como el gran verdugo de la educación pública del país.

Señala su deseo de gobernar tratando de eliminar la corrupción, pero esto no solo es complicadísimo, variadísimo, sino enfrentará a los grandes corruptos y corruptores. En cuanto al Ejército, afirma su deseo de “limpiarlo, no disolverlo ni desaparecerlo”. Sus comentarios sobre el salario laboral deben ser puestos a prueba con la discusión con personas de pensamiento distinto. Si bien, creo yo, la política es la base de la economía, y no al revés, no se pueden negar las realidades económicas. Dentro de esto caben sus comentarios sobre las minas y las hidroeléctricas, pues sin estas últimas el país dificulta el desarrollo tan urgente a causa de la increíble realidad de los indicadores económicos y sociales de Guatemala, donde se manifiesta con claridad el atraso.

En resumen, aunque las posibilidades de victoria electoral son magras, se trata de un aspirante serio, aunque no tenga experiencia práctica. Un factor común con todos los aspirantes es la aparente —al menos— carencia de equipo con posibilidades de gobernar sin las nieblas mentales propias de quienes no han podido superar el pasado. En un ambiente tan confuso como el prevaleciente en los 75 días faltantes para la primera vuelta electoral, la capacidad de darse a conocer también es escasa, realmente. Sin embargo, su futuro político no terminará si se decide a continuar, básicamente, su tarea en la cátedra y en la literatura política nacional, para reflejar el pasado, presente y posible futuro nacionales desde la perspectiva de la Sociología y los derechos humanos.