La era del fauno

Ya salen de sus tumbas los candidatos ungidos

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

Se acercan las elecciones. La farsa se endominga. Con lemas rebuscados, los candidatos a puestos de gobierno intentan engañar a la muchedumbre. El leitmotiv 2019 es “Dios”. Saben por dónde se coge la sartén. Son portadores de la Palabra. Qué casualidad, esa Palabra los recomienda para gobernar. Piden pena de muerte, niegan el genocidio, cobran enormes cantidades de dinero y se toman fotos con niños pobres; roban, mienten y abusan, pero hablan en lenguas divinas. Algunas personas todavía creen que quien se declare humilde servidor de Dios, lo es.

He aprendido a respetar religiones y creencias. Me da igual si alguien es ateo, brujo, cristiano; si se comunica con Maximón, Bhaktivedanta Swami Prabhupada; con sus ángeles o satanás. Cada quien, su circunstancia.

Si hay gente con fe tratando de ganar adeptos para su iglesia, magnífico; si hay iglesias ricas y otras pobres, su problema; si hay comerciantes que quieren cargar sus barcas de dólares porque así se entra al cielo, allá ellos y sus seguidores; pero cuando es el gobierno y sus aduladores satelitales; cuando son los candidatos a esos puestos quienes se consideran dotados de superpoderes, traductores del más allá que interpretan las lenguas que nadie entiende, solo ellos y, casualmente, como factótum portador del Mensaje explican que este dice, con claridad, que son los elegidos, es cuando no merecen respeto y menos gobernar.

Los dirigentes espirituales ―así certificados entre ellos mismos―, son gente privilegiada del espectro celestial, mano derecha del poder. Aseguran que los gobernantes fueron y serán electos por el pueblo en las urnas, pero ante todo elegidos de Dios. Cómo no. Entidades del más allá se reúnen para decidir quién gobernará Guatemala. En torno a una mesa, tras serias iluminaciones posaron su dedo encima del actual sanador de heridas y dijeron: es él. Lo cierto es que el país se hunde y el mediocre sigue derramando bendiciones. La gente debe callar, tragarse todo esto. Los intolerantes exigen tolerancia.

Podemos descartar para nosotros los mangoneos, mas cuando son impuestos por un gobierno en un Estado laico, o es la pancarta que levanta el presidenciable para contarnos que, en esta ocasión, la mesa celeste tiene los ojos puestos sobre ella o él, más que descartarlo conviene repudiarlo. La mafia fundamentalista insiste en imponer sus maneras estacionadas en la Edad Media. Desdichado es un país si en este siglo todavía tiene que abordar temas medievales. Defenderse de ellos. Pero es tanto el sometimiento que provoca perplejidad.

Vade retro candidato a gobernante que sale con esa canción. El subdesarrollo mama de esa escuela. Uno tras otro, desde las históricas cavernas nacionales hasta el actual “presidente” se acreditan el patrocinio de la divinidad. Mañosamente, asustan con el petate de Dios. ¿Cómo hacernos los desentendidos ante una práctica religiosa montada sobre los infiernos mismos, enmascarada, cimentada sobre abusos de autoridad y la mucha corrupción que amamantan? Con una mano roban y con la otra levantan la Biblia orando sobre soldados y policías; así pretenden poner de rodillas a la población. Merolicos de la plaza que venden jarabes contra la sífilis.

Escuchaba un programa en la TGW. Dos psicólogos hablaban sobre depresión. Tema muy apropiado para el país. Con una irresponsabilidad espeluznante, ella concluía que un angelito de la guarda se puede comunicar con otro angelito de la guarda para que ayude al deprimido. Dios y política es una combinación peligrosa, si se le suma la ignorancia se tiene tal somnífero que ni el opio.