Florescencia

¡Yuj Wal Tioxh Jolom Konob’!

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Hermanas, hermanos de Jolom Konob’, amigos de mi papá Marcos Andrés —de nuestra familia—, a las municipalidades de Santa Eulalia y Huehuetenango, XumaK, medios de comunicaciones y diferentes instituciones, en nombre de mi familia quiero agradecerles infinitamente su apoyo en los días recientes de la partida de mi padre. A nuestras amistades, muchas gracias por su acompañamiento y muestras de afecto —tanto físicas como virtuales—. Nos inspiran. Nos alienta haber sido testigos del homenaje póstumo que le brindó la municipalidad de Santa Eulalia a mi papá. Es un reconocimiento a su legado de trabajo y servicio. Mi abuelita Ewul Antun —quien recientemente cumplió 100 años—, sus hijos e hijas, nietos, nietas y demás familiares les expresamos nuestra gratitud desde lo más profundo de nuestros corazones.

Mi padre, por circunstancias fuera de su control, emigró, pero en vida y en sus últimos días regresó a su amada Jolom Konob’ para hacer realidad su anhelo de ser montaña, cielo, rayo de sol, piedrecilla, milpa naciente, florescencia y aguacero. En el Corazón del Cielo se reúne con mi mamá Lucín Cuxin y Juana —mi hermanita, quien por cuadros de desnutrición se adelantó hace casi 50 años—.

Papá Marcos fue un migrante, un líder, un visionario, y sus pasos lo llevaron lejos. Nació el 17 de enero de 1943, en la aldea Nancultac, Santa Eulalia, Huehuetenango, Guatemala. Quedó huérfano de padre a temprana edad y vivió dificultades económicas junto a mi abuela. Esto lo llevó a tomar la decisión de migrar no acompañado a la capital, cuando tenía apenas 10 años. Llegó a la ciudad de Guatemala, donde trabajó limpiando en un taller de reparación de radios y aparatos eléctricos. Allí aprendió ese oficio. A sus 13 años regresó a su comunidad con ahorros para ayudar a su mamá. Trabajó en la agricultura y fue jornalero en fincas de café y cardamomo. Gracias a que hablaba español y maya q’anjob’al se desempeñó como encargado de grupos de trabajadores a quienes siempre trató con respeto y por cuyos derechos veló.

En Santa Eulalia instaló el primer taller de reparación de radios y aparatos eléctricos de la región —llamada Centro Electrónico la Nueva Providencia—. Con él se ganó el sustento y desde entonces su gusto por la tecnología se reveló. Fue líder comunitario y respetada figura de autoridad. En 1982 fue nombrado vicealcalde del municipio de Santa Eulalia, por su liderazgo, don de servicio y honradez —rasgos que se van reflejando en nosotros sus hijos e hijas. Papá Cuxin Antil siempre abogó por la resolución pacífica de conflictos y el respeto entre comunidades. “Todos en Santa Eulalia somos familia, somos hijos de los mismos abuelos, nuestras raíces están en Paiconob y vamos a protegernos, nunca a hacernos daño. Cualquier problema o malentendido lo resolveremos aquí entre nosotros según nuestra tradición ancestral…”, decía.

Por su liderazgo y don de servicio, durante la guerra que desangró a Guatemala por tantos años fue amenazado de muerte, por lo que en 1987 tuvo que emigrar para el Norte. Nunca se olvidó de su tierra natal y tampoco de su familia. Trabajó día y noche para darnos el sustento, y en 1990 logró reunirnos a todos de nuevo en Los Ángeles, California. Pero al fin la mayoría de migrantes deseamos regresar a nuestras raíces; algunos para el descanso eterno —como mi papá—, otros para reunirnos con nuestras familias o para devolver algo de lo tanto que hemos recibido —como yo.

Papá Marcos Antil, regresaste para siempre a tu amada Jolom Konob’. Cumpliste tu misión en la tierra. Con la frente en alto seguiremos adelante. No es la primera vez que nos separamos, sabemos que algún día nos reuniremos todos de nuevo en el Corazón del Cielo. Estaremos bien. Supiste guiarnos para ganarnos la vida honradamente.