Familias en paz

Desafío generacional

Rolando De Paz Barrientos rolando.depazb@gmail.com

Nuestra generación creció con bibliotecas, máquinas de escribir, papel carbón y corrector líquido. Aprendimos a esperar para lograr lo que queríamos. Las nuevas generaciones con telefonía inalámbrica, internet, redes sociales y Google; avances que transformaron por completo la sociedad y su cultura.

Antes, para aprender había que ir a la biblioteca y pasar horas investigando. Ahora la información se puede obtener en cuestión de segundos, creando en las nuevas generaciones un sentido de inmediatez; todo lo desea alcanzar de forma rápida y cuando no es así tiende a frustrarse rápidamente.

Es un desafío que se nos presenta a los padres para formar a las nuevas generaciones; somos los responsables de proveerles herramientas para que desde temprana edad aprendan a superar los desafíos de la vida y formen su carácter. ¿Cómo hacerlo? Veamos tres claves.

La primera es enseñarles a manejar la frustración. Deben saber que las cosas no siempre van a ser como ellos quieren, por mucho que lo deseen o aun cuando se hayan esforzado para lograrlo. Con frecuencia cometemos el error de darles todo lo que nosotros no tuvimos, o facilitarles todo lo que piden, enfocándonos en trabajar duro para llenarlos de cosas, creándoles la mala percepción de que estamos para que ellos no sufran, y en parte es así, pero no del todo. Nuestra responsabilidad no es evitarles todo el sufrimiento, sino enseñarles a valerse por sí mismos. Hemos de enseñarles a trabajar duro, luchar por lo que desean y que aprendan a ser pacientes, pues no todo en la vida se da de forma inmediata.

Es necesario que aprendan a ser responsables de sus actos. Necesitan saber que no pueden ir por la vida haciendo lo que quieran sin sufrir las consecuencias o que siempre se podrán salir con la suya. Cuando no saben manejar la frustración, reaccionan con agresividad: gritando, insultando, rompiendo cosas, echándole la culpa a los demás por sus malas decisiones. Deben considerar el fracaso como una oportunidad para levantarse y descubrir nuevas fortalezas. Manejar la frustración es parte del camino hacia la madurez.

La segunda clave es enseñarles a valorarse y amarse a sí mismos. Necesitan saber que tienen talentos y capacidades, que su valor no está determinado por sus éxitos o fracasos, sino en el hecho de que fueron creados a imagen y semejanza de Dios, con un propósito en la vida y que pueden equivocarse pero también levantarse.

El éxito y el fracaso son momentos engañosos: el primero hace sentirnos todopoderosos y el segundo, fracasados; por lo tanto no debemos valorarnos en función de ellos. El concepto de sí mismos que desarrollen en la infancia será determinante en la adolescencia, cuando la presión del grupo les quiera hacer de menos, o se sientan rechazados, marginados o acosados. Hemos de mostrarles no solamente cuánto valen para nosotros, sino cuánto más ante Dios, su creador.

La tercera clave es enseñarles a perseverar. Que sepan que pueden tener todo el talento, pero si no se esfuerzan día a día de nada sirve. Triunfar en la vida no es algo mágico e instantáneo, no llega de la noche a la mañana: solo llega cuando somos diligentes en aprender, consistentes en practicar y persistir aun en medio de la adversidad. Deben aprender a no claudicar ante el primer obstáculo que encuentren.

Instruyamos a nuestros hijos a tiempo, porque cuando comiencen a formar su propia identidad echarán mano de las herramientas que les hayamos provisto en el hogar. Que sepan que pueden contar con nosotros, pero no para consentirles sus errores, sino para enseñarles a enfrentar la vida.