Catalejo

Dudas sobre la utilidad de la junta iberoamericana

Mario Antonio Sandoval

El año pasado tuve el gusto de ser invitado a dictar en Madrid una conferencia a los miembros de la Secretaría General Iberoamericana, entidad interesada entonces por conocer algo más sobre Guatemala, como acto previo a la reunión desarrollada a partir de mañana en  Antigua Guatemala. Se trata de una institución en realidad poco conocida fuera de las cancillerías y, al no tener sus sugerencias la categoría de decisiones vinculantes, es decir obligatorias, tiene el problema de ser considerada dentro de buena parte del continente iberoamericano como una entidad similar al Parlamento Centroamericano. Visité esa entidad en una segunda ocasión, con motivo de una reunión de los directores de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Indudable y válidamente, esa entidad fue creada con el fin de otorgar a España y a Portugal un papel sólido en el concierto de las áreas donde se hablan sus idiomas y, por tanto, es una institución política de primer orden para ambos países. El hecho de haber sido Guatemala escogida para realizarla debe ser considerado un honor, pero además una oportunidad para informar acerca del país a los asistentes de esa importancia política. La cancillería guatemalteca no lo consideró así, lamentablemente, y por ello hasta ayer martes se habló del asunto, completadas con una reunión de los mandatarios con la participación de la flor y nata del sector privado, porque ese grupo político-económico logró un reconocimiento en la persona de una de sus principales figuras.

La presencia en Guatemala del rey Felipe de España constituye un acontecimiento de alto nivel noticioso. Simplemente, no ocurre todos los días, y si bien el hijo del rey emérito Juan Carlos I, ha estado antes en este país, lo hizo en su calidad de Príncipe de Asturias, dejando una estela positiva. No entiendo el silencio total ahora y lo imagino producto de un acuerdo entre la cancillería y la embajada, o de una razón protocolaria. He conversado personalmente con él en tres ocasiones, tanto en España como en Guatemala, y es notoria su personalidad afable, pero al mismo tiempo su enérgica postura cuando las circunstancias lo han llamado a tomarla. Tengo dos nietos catalanes, y un tercero vivido allí el 80% de su vida. Talvez por eso veo con simpatía a este culto y moderno monarca, heredero de varios siglos de reinados.

Las circunstancias políticas de Guatemala, del Istmo y del continente no son las mejores. Conspiran contra la reunión porque si bien todos los presidentes han sido invitados, por razones diplomáticas, ciertamente es complicado tener en un mismo salón y en una misma mesa a gente como Nicolás Maduro y Daniel Ortega, especialmente invitado por el sector privado nacional para un acto de empresarios centroamericanos. Como es de esperarse, habrá críticas periodísticas y de otra clase si estos dos gobernantes participan, a quienes se les puede acusar de no tener la menor idea de democracia. Puede ser relativamente escasa la presencia de otros mandatarios, quienes serán representados por cancilleres o por algún otro funcionario de otro nivel.

Las cosas son como son, y no como uno quisiera que fueran, dice el adagio. Pese a todo, ojalá haya declaraciones y acuerdos con la voluntad de cumplirlos de parte de los jefes de estado del lado occidental del Atlántico. En sí, es positiva toda oportunidad de conversaciones personales entre los mandatarios. La foto del lunes en la portada de Prensa Libre es buena muestra de esto: gobernantes imbuidos en posiciones diametralmente opuestas, juntos para la celebrar el fin de la Primera Guerra Mundial, tema sobre el cual se puede hablar mucho porque los errores de la manera vengativa de esa firma fueron la semilla de la Segunda Guerra y de la forma cómo se vivió el siglo pasado. Como sea, la actividad política del rey, los presidentes y sus representantes en Antigua Guatemala, constituye un eslabón más de la cadena de nuestra agitada historia.