La buena noticia

Ecclesia semper reformanda

Víctor Palma amons.esc@gmail.com

La frase, de antiguo cuño conciliar, ha sido retomada por el Papa Francisco (Navidad del 2015) y se traduce: “La Iglesia siempre se reforma”: muy mencionable respecto del 500 aniversario de la llamada “reforma protestante” (1517-2017), del cual hay dos lecturas:

1) La puramente teológica, de la cual gracias al esfuerzo ecuménico se han logrado algunos “acuerdos” que proponen la salvación por la Gracia pero reforzada por la acción humana de respuesta como lo pide la misma Escritura (Mt 7, 42-44: “No todo el que dice sino el que pone por obra la palabra”: Acuerdo de 1991 y su recuerdo en la visita del Papa Francisco a Suecia en el 2016);

2) Más compleja se presenta la intención de algunos de la obra de M. Lutero como “humanista y liberadora”, pues ya la poca resonancia en la misma Alemania del aniversario se debe a estudios menos optimistas: visite el artículo del 31 de octubre 2017 de la BBC sobre consecuencias colaterales de la Reforma en su momento (www.bbc.com/mundo/amp/noticias-41815739).

Con ellos se pueden citar otros muchos “resultados ambiguos” del acontecimiento: 1) La derrota sangrienta de los campesinos alemanes, quienes al escuchar que había un rotundo “no” a la autoridad (del Papa, de los religiosos, etc.) pensaron ingenuamente que se podrían librar también de los príncipes feudales, quienes acudieron aterrorizados a Lutero y este decidió que era justo “combatirlos a muerte”, pues no tenían la ayuda de Dios: cien mil fueron masacrados en batallas de represión en 1524 y 1525 (Deutscher Bauernkrieg);

2) El surgimiento del antisemitismo alemán, pues el fracaso de su intento de forzar a los judíos a convertirse llevó a M. Lutero a escribir su obra Los judíos y sus mentiras (Von den Juden und ihre Lügern, 1543), exhortando a sus trabajos forzados o expulsión definitiva: conclusiones muy parientes de aquellas del conocido Adolfo de apellido Hitler;

3) El nacionalismo ambiguo que se propuso en el famoso “Discurso a la nación alemana”, en 1520 (An den christlicher Adel deutscher nation), que apoyó la oposición nacional contra el Sacro Imperio Romano Germánico ahora “en manos de un español católico” Carlos V: pero la pretendida unidad de la nación germánica dividida en muchos principados se vino de nuevo al suelo al decidir la Reforma (ya sin Lutero, muerto en 1546) que “la religión del gobernante debía ser la de los gobernados” (Paz de Augsburgo 1555).

En fin: las reformas religiosas propuestas por Lutero ya se venían (biblia en lengua nacional, espíritu de pobreza en la Iglesia, etc.) él y otros actuaron de detonantes… pero la pregunta “¿fue reforma o deforma?” (es decir, deformación) solo puede responderse con estudios que acepten la evidente utilización política de la religión “nueva” que pretendió Lutero y que se le escapó de las manos al adueñársela los poderosos de su tiempo (repitiendo lo que condenaba de Roma), muy movidos por “separatismos” como algunos que ocurren hasta hoy, donde en el fondo “el dinero es la causa de todos los males”, aunque se propongan “reformas” en el nombre de Dios: “Las diferencias teológicas estuvieron acompañadas por el prejuicio y por los conflictos, y la religión fue instrumentalizada con fines políticos” (Declaración luterana católica, Suecia 2016).

Así, cuando Jesús advierte mañana que “en la cátedra de Moisés se han sentado escribas y fariseos”, llama a evitar la mayor de las incoherencias: la de mezclar la moneda del César con el lugar de Dios, o sea, cuando Fe y política se invaden mutuamente en detrimento del Reino de Dios.

amons.esc@gmail.com