Editorial

El más alto honor para un guatemalteco

El más alto honor que puede alcanzar un ciudadano en una república democrática es servir a su patria, y eso es algo que deben recordar desde hoy los nuevos funcionarios, quienes tendrán la oportunidad de trabajar por Guatemala durante 1,461 días.

Quienes asumen hoy un cargo público, ya sea porque fueron electos por los ciudadanos que acudieron a las urnas o porque serán contratados en los poderes Ejecutivo y Legislativo, empiezan una etapa en la cual la vocación de servicio debe ser un valor que nunca deben abandonar y ni perder de vista que se trabaja para una sociedad necesitada de que se resuelvan sus principales problemas, individuales y comunitarios.

Desde los más altos cargos, que hoy recaen en Alejandro Giammattei y Guillermo Castillo, los ministros, secretarios, diputados y cualquier otro representante del Gobierno o del Congreso, es importante tener claro que lo primero para fortalecer la confianza de los ciudadanos en sus autoridades e instituciones es un trabajo transparente, con resultados sustanciales, no politiqueros, y en beneficio del mayor número de personas posibles. Para eso es clave reconocer el alto nivel de responsabilidad que desde hoy ocuparán.

Las personas que hoy llegan al poder también tienen que tener muy claro el caudal de condicionamientos con los que asume el nuevo gobierno, no solo como legado inmediato de quienes ahora son historia, sino por aquellos aspectos históricamente desatendidos y que tienen al país en medio de grandes carencias económicas y sociales, sectores polarizados y desequilibrio en la inversión social.

En Guatemala se sabe qué hay que hacer y en dónde, pero el reto es tener la capacidad para concretarlo. Lo primero es tener la madurez política para emprender un verdadero y sostenible diálogo político, con todos los sectores representativos, que alcance acuerdos mínimos para comenzar a construir un mejor país.

Propiciar un espacio le permitirá al nuevo mandatario reconfigurar la imagen presidencial, tan dañada en los dos últimos períodos. Tanto Giammattei como sus principales cuadros en el Gabinete deben dar cuentas a la población sobre las realidades y los avances en cada ministerio, pues a pesar de que han pasado cinco meses de transición, la corrupción y la burocracia siguen enraizadas y no deben ser obstáculo para posponer situaciones no resueltas que solo agravan la disfunción del sector público y profundizan el silencioso pero existente y creciente malestar de los ciudadanos, que ven malos manejos en el uso de los recursos públicos, ya sea por despilfarros o saqueos del erario. De esa cuenta, la transparencia en la toma de decisiones y hacerles frente a los grupos oscuros que permanecen en el Estado es vital.

La gestión de gobierno que hoy se inicia tiene el desafío de pasar pronto del discurso a la acción, y para ello es urgente que sus líderes, Giammattei y Castillo, no pierdan contacto con la realidad nacional y escuchen a todos los sectores, desde el más pequeño hasta el más numeroso, y sin temor al debate y a la crítica. Solo así podrán evitar olvidar que su deber es ponerse al servicio de Guatemala. Actuar de esa manera les sumará apoyo y consolidará su legitimidad. No hay tiempo que perder.