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El Ejército ayer y hoy

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

Hoy se cumplen 146 años de la fundación del Ejército de Guatemala y conmemorar el triunfo de la Revolución Liberal de 1871 significa más que un descanso laboral para los soldados, un momento para reiterar los votos de lealtad y servicio hacia Guatemala, es asumir con carácter y valores la responsabilidad de seguir protegiendo a nuestra patria.

La historia guatemalteca ha probado que la única institución funcional, capaz de cumplir con su misión, ha sido el Ejército. Aunque se les sigue señalando por violaciones a los derechos humanos durante la época del conflicto armado, nada se dice en cuanto a que con la firma de los acuerdos de paz redujeron sus filas como se estableció y sin objetar han aceptado las tareas que se les asignan con honor, obediencia y profesionalismo.

Por el contrario, la insurgencia jamás ha pedido perdón por los crímenes cometidos, secuestros, adoctrinamiento ateo y la destrucción de la infraestructura nacional.

El Ejército está conformado por hombres y mujeres —en su mayoría personas de bien— respetuosos de la ley y con honor, que han sido protagonistas de la historia de nuestra patria, aunque a algunos no les guste esta verdad. Pero también han existido y existen en sus filas personas que han deshonrado a la institución. Malos y buenos como en todos los gremios; al final, un reflejo de la sociedad.

Cargando con el peso del pasado, que implica errores y aciertos, la institución militar realiza hoy tareas de protección a la ciudadanía y ayuda humanitaria; debemos reconocer que en los desastres naturales son ellos quienes cargan a los soterrados y buscan a los perdidos entre el lodo y el fango, reconstruyendo puentes y aldeas.

Hoy la sociedad exige más de sus soldados, debido a las amenazas que se ciernen en el horizonte patrio y por ello, se requiere de mayores habilidades y destrezas, todas ellas sin precedentes para la Institución Armada, que debe recurrir a una disciplina de innovación permanente y de mucha creatividad para solventar la demanda de la población en general. Los militares inculcan en sus filas el amor a la patria y el cumplimiento del deber, aún a costa de su propia vida y son ellos hoy en quienes el país descansa para afrontar las amenazas no tradicionales y emergentes.

Ellos se han adaptado siempre a las exigencias de los tiempos, han modernizado su sistema educativo a estándares internacionales, han adoptado la doctrina moderna de defensa y derechos humanos.

Aunque algunas personas se resisten a que el Ejército se involucre en las tareas de seguridad interna, es necesario entender que nuestro país atraviesa una crisis total y necesitamos que las acciones de prevención del delito y protección de los ciudadanos sean ejecutadas por personas altamente capaces y disciplinadas, que impongan respeto y al mismo tiempo puedan ser funcionales en esta coyuntura que vivimos.

El sistema militar involucra principios de disciplina y obediencia, su elemento humano está bien capacitado y sus estructuras jerárquicas son funcionales. Ellos han mostrado siempre un espíritu de servicio, con un profundo concepto de lealtad. La imagen del soldado ante los delincuentes es disuasiva y al resto de la población le genera confianza, cosa contraria a la imagen que genera un PNC.

En este día, como hace ciento cuarenta y seis años, estamos frente a una estructura militar que se adapta a las exigencias de la posmodernidad, dentro de una nueva arquitectura de defensa global. Ya es necesario dejar de lado la polarización y antes de tachar a una persona de roja o verde, hay que analizar la historia, sabiendo que siempre hay dos versiones, que deben ser escuchadas antes de emitir un juicio que solo generará odio.

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