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El síndrome de la madrastra de Blancanieves

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

Luego de 12 días de búsqueda implacable, fue encontrado el cuerpo sin vida de Gabriel, un pequeño niño español de 8 años, quien había desaparecido cuando estaba al cuidado de la novia de su padre y quien luego de ser detenida relató que asfixió al pequeño por rabia.

Los medios españoles siguieron muy de cerca el caso desde el 27 de febrero, cuando Gabriel desapareció en la pequeña población de Las Hortichuelas. Este caso ha tocado el corazón no solo del pueblo español, sino de todo el mundo, desde el rey Felipe VI, que guardó un minuto de silencio por la muerte de Gabrielito, hasta el presidente Mariano Rajoy, quien presentó sus condolencias a la familia.

Finalmente, el cuerpo del niño apareció el pasado lunes en el maletero del automóvil de la pareja del padre de Gabriel, confirmando así las sospechas de la culpabilidad de Ana Julia, una mujer de nacionalidad dominicana, que percibía al pequeñín como un obstáculo entre ella y su novio, al que simplemente decidió quitar de en medio.

La sangre fría de esta mujer ha causado tal indignación en toda España, que por su fatal desenlace han vuelto a sacar a luz el debate de la necesidad de que se pueda volver a aplicar la cadena perpetua, aun considerando que España es uno de los países con la tasa de homicidios más baja del mundo.

Lo espeluznante de la actitud de la asesina es que estuvo participando en todas las batidas de la búsqueda del Pescadito —como le llamaban cariñosamente— mientras ella ya sabía que lo había asesinado. En sus propias maquinaciones la mujer quería acaparar pantalla y micrófonos ante los medios, dando declaraciones a la prensa, llorando por Gabriel y pidiendo a los secuestradores que lo dejaran libre.

Lo más triste de esta historia es que Gabrielito ya le había manifestado a su padre que no quería relacionarse con su novia, pero el progenitor no le puso importancia, ni indagó más. Gabriel, como único hijo de padres separados, tenía que pasar tiempo con el padre y este hacía que el pequeñín se relacionara con Ana Julia, esa madrastra que le odiaba, porque le percibía como un obstáculo entre ella y su pareja.

Esa mujer trastornada y con un perfil psicópata, que fingía ser una buena persona, que quería al niño y se preocupaba por él, en verdad era una bruja del cuento de hadas —como dijo la propia madre de Gabriel—, de allí el síndrome de “la madrastra de Blancanieves”, que revela el odio que puede llegar a tener una persona por seres inocentes.

A raíz de este caso, mucho se ha mencionado este síndrome —para referirse a la personalidad de la asesina confesa—, cuyo concepto fue creado por la psicóloga estadounidense Betsy Cohen, quien describe una personalidad que percibe como una amenaza a una persona joven y con cualidades, que tiene el cariño de alguien al que ella quiere poseer solo para sí misma. Este pensamiento enfermizo desata los celos y la envidia de quien padece este mal.

Cada vez más son vulnerables los hogares a desintegrarse y tener que incluir a terceras personas dentro de los núcleos familiares. Pero por este tipo de casos que abren los ojos de la sociedad, se inicia el debate para entender que es necesario respetar la decisión de los hijos y del otro progenitor —si fuese necesario— de no relacionarlos con la nueva pareja del padre o madre. Y no anteponer el egoísmo de la persona que tiene una nueva relación al bienestar de los niños.

A pesar del triste desenlace de este “cuento de hadas”, como le llama Patricia —la madre del Pescadito— ella ha mostrado con su bondad y el perdón hacia la asesina de su propio hijo, una lección de amor que da con sus palabras, recordándonos que, a pesar de la maldad existente en este mundo, todavía existen personas nobles.

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