De mis notas

Encrucijada 2019

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

Si el pesimismo tuviese color, el negro sería el tono de esta columna. Buena parte de ella escrita, precisamente, en enero del 2018. La titulé “Encrucijada”, porque significa, según el DRAE: 1. “Lugar en donde se cruzan dos o más calles o caminos 2. Ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien, emboscada, asechanza. 3. Situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir”.

En la encrucijada que enfrentamos se bifurcan dos caminos: El primero, más centrado en la asechanza y la confrontación política, debido a los efectos del desorden institucional del pasado y el potencial politiquero de generar una mayor polarización e ingobernabilidad. Y el otro camino, dirigido a consensuar una salida políticamente viable, más proactiva que punitiva, con una hoja de ruta enfocada en detener la confrontación y enfocarse en salir de la crisis a la vez que atender las “causas” que fomentan la corrupción —ya que solo en eso se centra la narrativa—, mediante la aprobación de las leyes anticorrupción y las reformas institucionales que se requieren. En la coyuntura actual eso no parece viable porque la hoja de ruta actual es de colisión.

Realísticamente, todo apunta hacia el incremento de un entorno persecutorio enfocado más en la cacería de brujas de ambos lados. No se centrará en remediar los “d-efectos” del actual sistema, esa disfuncionalidad absurda e ilógica en la que vivimos por cultura y por sistema, que se resiste a ser cambiada debido a que es un cáncer originado en los peores incentivos perversos de la discrecionalidad burocrática, la extorsión, el chantaje, el retardo malicioso, la coerción selectiva, la corrupción y el desmadre de la politiquería clientelar turbia y degenerada que se nutre de esas infamias para retener pagos, negar la devolución de créditos fiscales, complicar la emisión de licencias o cobrar por simples trámites. Llevar a cabo capturas “sin” atender esas “causas” no resuelve el problema de fondo.

No podremos sacar adelante al país con antejuicios desvinculándolos de los problemas sistémicos. La problemática nacional que vivimos es por una disfuncionalidad sistémica y el predominio de mafias de ambos lados. Pero también, admitámoslo, por esa cultura que como sociedad padecemos.

Estamos en una “encrucijada” en donde podemos tomar un nuevo camino o continuar con esta cacería de los efectos. Nuestro sistema político está decrepito y agotado. Debemos tomar otras formas de organizar el Estado emulándolas de aquellos países que se beneficiaron política, económica y socialmente al incorporarlas a sus sistemas: Ley de Servicio Civil, Ley de Compras y Contrataciones, Ley Electoral y de Partidos políticos y plan de largo plazo.

Pobreza, desarrollo económico, educación, salud, desnutrición infantil, generación de empleo, ¿Con qué recursos, si por doquier hay conflictividad e ingobernabilidad? De la mano de la reforma política habría que retomar las discusiones —a pesar de las diferencias— para una “visión de país” de largo plazo, inmune a los vaivenes de los gobiernos entrantes y salientes. Ya una vez los partidos políticos firmaron el documento para impulsar políticas públicas virtuosas e intertemporales que se desarrollarían en un plazo de por lo menos 20 años, “tiempo en el cual las acciones del Ejecutivo se regirían por un Plan de Desarrollo, avalado por los partidos políticos y basado en los temas prioritarios definidos: Desarrollo Rural, Educación, Salud y Nutrición y Seguridad y Justicia.” /Plan Visión de País/2005.

Pero me temo que esto no pasará en esta administración. Y este Congreso también se encuentra en una encrucijada. Tiene los ojos de todos encima. Pasaría a la historia si los diputados pudieran remontar los intereses partidarios y darle la prioridad a la bandera azul y blanco a la cual juraron lealtad y compromiso.