Si me permite

Es más fácil corregir a otros que a uno mismo

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y corregir su propia vida”. San Agustín

Es tan fácil y también es lo más frecuente estar corrigiendo a otros porque no solo lo podemos ver, sino porque creemos que les estamos haciendo un favor. En cambio, cuando tenemos que hacer una retrospección de nuestro modo de ser, difícilmente percibimos las áreas de las cuales deberíamos hacer correcciones.

Incluso cuando alguien nos hace el favor de indicarnos algún área de nuestro modo de ser que debería considerarse en la corrección, es muy probable que tengamos algún argumento para justificar lo que estamos haciendo y no es como la persona lo ve.

Pero cuando nos tomamos el trabajo de hacer nosotros la corrección, posiblemente lleguemos a ser muy concluyentes en el comentario.

Deberíamos considerar el hecho de que con nuestro ejemplo o nuestro modo de proceder es mucho más fácil comunicar una corrección que con una refinada oratoria, donde la persona es probable que nos escuche en un principio pero en algún momento se desconecta de lo que estamos indicando.

Recordemos que cuando nosotros estamos haciendo alguna observación o corrección, puede que nuestro interlocutor transmita en su expresión facial “y acaso se le está preguntando algo”, es cuestión de buena comunicación el no tener que informar de algo que nadie nos está preguntando.

En las verdaderas relaciones interpersonales debemos tener presente que es más fácil lograr una corrección por la vía de la motivación que la de la acusación. Porque cuando nos sentimos acusados, el primer mecanismo es bloquear nuestra mente para no perder el espacio que hemos conquistado.

Además, el hecho de que una persona esté oyendo lo que estamos diciendo no por ello se debe entender como que está aceptando lo que decimos.

Lo más recomendable es pedir el permiso para decirle algo a nuestro prójimo, y si la persona nos da la anuencia, debemos ir paso a paso hasta lograr decir lo que tenemos en mente y no descargar toda la idea de una vez.

Cuando estamos trabajando en la corrección con los menores es asunto formativo y es para el resto de su vida.

En el caso de los adultos no sucede así, porque nosotros de alguna manera estamos invadiendo la privacidad de la persona, y entonces debemos asegurarnos de que contamos con el permiso y también con la autoridad debida para hacer la corrección.

Sin lugar a duda, cada uno de nosotros tiene en mente lo que quiere ser y también lo que quiere alcanzar. Esto implica que ha pensado qué camino debe escoger para lograrlo.

En este proceso nada cuesta cometer errores, y normalmente cuando un adulto lo percibe trata de enmendarlos, pero puede suceder que en algún momento no lo perciba, y si habremos de intervenir para ayudarlo es necesario hacerlo con el tino y la discreción apropiados, mostrando respeto hacia la persona y buscando el momento y el lugar más apropiados para poder hacerlo.

Nosotros incluso no estaríamos dispuestos a tolerar una corrección en un lugar y momento en que terceros estén presentes y no tienen ninguna razón para ser parte del proceso, por bueno que este sea. Manifestemos una auténtica amistad con los nuestros en la manera en la cual queremos ayudarles para mejorar y que una palabra de corrección puede ser el medio por el cual ayudaremos para el resto de la vida.

samuel.berberian@gmail.com