Registro akásico

Estrategia de la tensión

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

La exasperación se promueve con ahínco. Se busca diseminar propaganda errónea para infundir la idea de zozobra. Un grupo de camisetas rojas realiza un ataque sumamente refrenado contra el Presidente. La falla de seguridad no tiene consecuencia alguna para oficinas y cuerpos de seguridad. Lo sucedido tiene visos de comedia, con un actor de ese género.

Las operaciones de falsa bandera llevan excesos tales como la muerte de trabajadores de hidroeléctricas. El asesinato de dos protestadores ofrece la idea de justicia instantánea, pero asusta a todos. Hasta la empresa agredida se escandaliza por ese acto terrorista.

La desinformación llega a manipular las declaraciones del secretario general de Naciones Unidas, António Manuel de Oliveira Gutérres; algunos noticieros lo tergiversan para cerrar cualquier posibilidad de negociación entre el Gobierno con ese organismo, para arreglar el asunto de la Cicig.

La legitimación activa del recurso de amparo reside en el directamente ofendido. Se escribe recurso porque ahora está prohibido mencionar esa palabra para referir esa ocurrencia ante los tribunales. Se debe utilizar la expresión acción de amparo. Pues bien, toda persona directamente afectada en sus derechos por decisiones contra lo reglado, disposiciones violatorias, abusivas o ilegales lo presenta para obtener protección. Es el directamente afectado, no cualquier llanero solitario o vigilante. Pero la manipulación legal de los corruptos y desestabilizadores lo han convertido en una acción politiquera. Obviamente, solo para sus intereses, pues en los casos sin interés espurio se deniega la actuación judicial. No hay obligación de oponerse. Quejarse o impedir el ejercicio de las funciones de gobierno es una decisión personal. Un grupo recurrente de magistrados constitucionales y los mismos accionarios consuetudinarios, al margen de la ley, arruinan el régimen de legalidad.

Como antes de la independencia se añoraba el retorno del rey, ahora el deseado anuncia su vuelta a inicio de año. Otros dan por cierto sus anhelos. A tal punto que, sin golpe de Estado, llaman a oponerse al mismo. Los agentes provocadores buscan alcanzar objetivos tácticos para infundir miedo. Desean jalar del pasado la animadversión al ejército para encuadrarlo nuevamente en la defensa de sus privilegios y riqueza. Escondido, un general o alguien por serlo acaricia la idea del putsch, para establecer el gobierno autoritario corporativo por el que claman los fachos.

Antes que un período preelectoral se está inmerso en una guerra psicológica. Los centros diseminadores, cámaras de eco, seguidores y manitas de me gusta anulan la posibilidad de percibir propuesta en las planillas presidenciales. Los objetivos de gobierno decididos a perinola sustituyen el debate de lo conveniente. Las cancioncillas que ahora se componen evaden enunciados de política pública y las fotografías retocadas digitalmente se ofrecen como los criterios para decidir el voto.

¿Por qué se sigue la estrategia de tensión? Por lo barato. La escogencia verdadera, meditada, frente a las propuestas concretas y situadas en la realidad, entre liberales, liberales sociales, social demócratas, social revolucionarios, para no mencionar a los facistas y comunistas, daría racionalidad a la elección, pero es cara. En cambio, los llamados a la protección divina, las bendiciones de los políticos y la hipocresía de los predicadores generan sentimiento de indefensión para aceptar al dictador y su patrocinador, buscan tirar a la basura la Constitución Política de la República.

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