La buena noticia

La dictadura de los corruptos

Las acciones del Ejecutivo, encabezado por Jimmy Morales, en su afán por expulsar al jefe de la Cicig  apuntan a consolidar “la dictadura de la corrupción”, expresan “su incompetencia para dirigir el país” y son una muestra  de la “falta de rumbo en los organismos del Estado”. Al no tener  liderazgo ni visión de estadista   quedó atrapado en su propio laberinto, escuchando coritos que le hacen creer que es “el enviado de Dios” o narraciones apoteósicas irreales de algunos militares que le fallaron a la patria, o cuentos chinos de políticos corruptos y tránsfugas.

Entre sus aliados está un congreso impresentable, “que sigue su carrera hacia el abismo, al haber elegido una junta directiva cuyos miembros fueron firmantes del así llamado Pacto de Corruptos, y son dignos representantes de la “vieja política”. Unos están recluidos en Mariscal Zavala por peligrosos, donde tienen todo el tiempo del mundo para maquinar su defensa y atacar; otros son prófugos de la justicia, una muestra más de su responsabilidad en el irreparable daño hecho a la sociedad; y otros se refugian en el Congreso, en las municipalidades y en la administración de Jimmy Morales, dispuestos a llevar al país al caos con tal de salvaguardar sus mezquinos intereses.

Otro aliado de esa maraña de corrupción está entre algunos jueces y magistrados que no están “a la altura de lo que debe ser”, pues en muchos de sus actos se han mostrado lacayos de la clase política corrupta, “sin ética alguna y ceden a sobornos o amenazas, olvidando que son súbditos del imperio de la Ley”.

Todos ellos cuentan con organizaciones formadas por militares violadores de los derechos humanos, por empresarios que se han enriquecido a la sombra del Estado, por algunos medios que manipulan la información, por algunos seudointelectuales urbanos racistas, por algunas sectas y por redes de abogados que los defienden a toda costa y los asesoran para boicotear la dinámica del Ministerio Público y la Cicig, que destapó la cloaca en la que se han movido a sus anchas “hasta que les llegó su día…”.

La altura ética y científica con que han venido trabajando el MP, la Cicig y la PDH en la lucha contra la impunidad y la corrupción contrasta con la mediocridad del Gobierno, la perversidad de los políticos y las mañas de los corruptos. Mientras aquellos están empeñados a fondo en la construcción de un estado de Derecho al servicio de los guatemaltecos, estos son la vergüenza nacional. La diferencia es abismal. La ciudadanía honrada y trabajadora lo sabe.

Por eso es falso que la sociedad esté dividida y confrontada, como han pretendido hacernos creer; al igual que se haya ideologizado la justicia, que haya persecución selectiva y que se viole el principio de inocencia. Ese tipo de falacias son de quienes están sindicados de corruptos. Esos mismos argumentos esgrimen el Gobierno y las roscas que lo rodean. Los ciudadanos lo tienen claro y están hartos de tanto político marrullero y de sus lacayos.

Es vergonzoso ante el mundo y para los mismos guatemaltecos tener una administración al servicio de los corruptos. Esto la convierte en un gobierno carente de legitimidad y atrapado por “redes políticas y económicas ilícitas que fortalecen la impunidad y sostienen la corrupción, aprovechándose del modelo económico vigente en favor de su enriquecimiento”. Es evidente que no les interesan los problemas de la población, como la salud y la desnutrición crónica, la educación, las carreteras, el sistema penitenciario, las mafias criminales que trafican droga, personas y armas.

Si así de podridos están los tres organismos del Estado ¿Cómo estarán las 340 municipalidades? Llegó la hora de combatir la corrupción en cada uno de los sectores, hasta en las iglesias, porque son “los pobres quienes pagan la fiesta de los corruptos”. (Cardenal Tuckson).

pvictorr@hotmail.com