Presto non troppo

Leonard Bernstein, a un siglo

Paulo Alvaradopresto_non_troppo@yahoo.com

Este sábado cumpliría cien años de edad uno de los músicos norteamericanos mejor conocidos y aclamados del siglo pasado, Leonard Bernstein (1918-1990). Director de orquesta, compositor y pianista, su carrera alcanzó muchos puntos altos a lo largo de una vida dedicada no solamente al ejercicio musical, sino a compartir música con infinidad de personas, desde jovencitos prometedores hasta virtuosos consagrados; desde el común de los oyentes hasta el especialista.

El talento de Bernstein se concretó de múltiples maneras. Habilidoso intérprete del piano, frecuentemente dirigió orquestas completas mientras tocaba, aunque su fama principal reside en su notable y longeva labor al frente de la Filarmónica de Nueva York, aparte de las principales orquestas del mundo, así como su vocación como creador. De su pluma se desprende música sinfónica, coral, ópera, de cámara, para cine, danza y teatro, entre la cual destaca especialmente West Side Story. Diestro para escribir en un estilo ecléctico, las características de su composición, derivada de haber asimilado géneros y prácticas de la música popular tanto como las exigentes demandas de lo erudito, le permitieron llegar a una audiencia heterogénea en todo el planeta. Por otro lado, su predilección por la obra de Mahler lo llevó a revitalizar el interés general en este autor del romanticismo europeo, típicamente a través de las numerosas grabaciones que realizó a lo largo de 45 años. Igualmente, fue un gran impulsor de la música de sus paisanos contemporáneos, tales como William Schuman, David Diamond y Aaron Copland. Y, como suele suceder, Bernstein fue blanco de críticos que obviamente no poseían su genio ni veían llenadas sus expectativas de un artista estirado y conservador. Todo lo contrario, no era sólo su gestual sui géneris; era su compromiso con el arte, su activismo y su innata disposición a la docencia, que desembocó en la filosofía educativa del “Artful Learning” el arte integrado en todas las asignaturas escolares.

Sobre eso, Bernstein se distinguió como conferenciante y escritor. Recuerdo la impresión de lucidez que hace decenios me causó la lectura de su primer libro, The Joy of Music (en la versión original publicada en 1959), por la combinación de claridad y apasionamiento con que abordaba temas musicales sin perderse en los vericuetos de lo escolástico. Pese a los ejemplos impresos de partituras intercaladas en el texto —que la mayoría de lectores no podrían descifrar—, se vale incluso de conversaciones con interlocutores imaginarios para esclarecer conceptos y temáticas propias de lo académico. Qué privilegio apreciar sus dotes como disertante, ejecutante y director musical, todo a un mismo tiempo, cuando de adolescente vi filmaciones de sus Young People’s Concerts. Eran películas en 16 milímetros proyectadas sobre una pared de mi casa, cuando no existía el videocasete ni mucho menos un DVD o youtube, y el público consistía en los vecinos de la cuadra…

Una brevísima pero efectiva muestra de este compositor podrá disfrutarse al inicio de la próxima presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional, este jueves. La función comenzará precisamente con una de las piezas más populares de Leonard Bernstein, la obertura a la opereta Candide. Esta chispeante introducción servirá como preámbulo a un concierto para violín —con el solista guatemalteco Luis Vital, en homenaje al recientemente desaparecido Survier Flores— y dos obras orquestales de Debussy —también de centenario este año—, bajo la dirección del maestro español Joan Pages. Un momento para regocijarse con el arte de uno de los personajes musicales más significativos del siglo XX.

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