La buena noticia

Libertad, camino perenne

Víctor Palma amons.esc@gmail.com

Indudablemente las fiestas patrias de este septiembre del 2018 son como cada año, una ocasión no solo de festejo del acontecimiento histórico que en breves años será todo un “bicentenario”, sino también oportunidad para retomar la libertad como un don y una tarea constantes.

Quizás parezca algo solo festivo a nivel de antorchas, desfiles, multitudes de banderas, pero en el ambiente, hoy más que nunca, se respira un sentir profundo: urge seguir “el camino hacia la libertad plena”, aquella ansiada respecto de las cadenas o cánceres de corrupción, ingobernabilidad, impunidad, colonizaciones ideológicas, etc. Así, mientras para muchas conciencias la “libertad” tiene diversos pero estrictos sentidos políticos, económicos, sociales, etc., es decir una “libertad no laica, sino muy laicista”, para los cristianos la vivencia y empeño por vivir en libertad auténtica se fundamenta en la misma obra de liberación integral realizada por Cristo en su Misterio Pascual, como bien lo recuerda el apóstol Pablo: “Para ser libres nos liberó Cristo, permanezcamos, pues, libres y no nos sometamos de nuevo al yugo de la esclavitud” (Gal 5, 1).

En ese “camino perenne hacia la libertad” hay muchos aspectos de la dignidad de la persona humana, comenzando con su dimensión espiritual, que requieren el esfuerzo humano y la infaltable Gracia divina para decirnos “libres en verdad, liberados por la Verdad”, que no es algo, sino alguien, la persona de Cristo: “Conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Jn 8,31). Más allá de la loable fecha de la “independencia” colonial, hoy más que nunca adultos, jóvenes e incluso niños sospechan —y sospechan bien— que el camino de liberación de los pueblos no depende solo de un decreto o momento histórico, sino que se perpetúa como tarea en cada generación: ¡qué cómodo sería heredar la libertad en sentido total y permanente!, pero cada generación debe construirla, afianzarla, desde su responsabilidad, para que no prevalezcan las “fuerzas oscuras o cadenas” que siguen forjando eslabones tan difíciles de romper, al decir de G. Bernard Shaw (1856-1950): “La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto”.

En el respeto a todos los credos y formas de pensamiento, los cristianos proponemos con alegría el cultivo de aquella libertad que toca y transforma las estructuras humanas, que responde al deseo humano más profundo (Papa Francisco, Audiencia Miércoles 17 de Junio 2018), y que se coloca en el fundamento espiritual de la sociedad, la libertad de los hijos de Dios, pues: “El que es bueno, aunque sea esclavo es libre, pero el que obra mal, aunque se diga libre, es esclavo” (San Agustín, Tratado sobre el libre albedrío). Según el reciente Mensaje de la Conferencia Episcopal de Guatemala, la búsqueda de la libertad solo puede lograrse a través del diálogo —que no es debilidad o capitulación de las propias razones— entre instituciones que son —por su identidad humana— siempre perfectibles: el Estado y su gobierno, la Cicig, en fin, todas las que dicen servir a la dignidad del pueblo guatemalteco, están llamadas a revisar sus acciones, de modo que, “sin choque sangriento”, se realice para los guatemaltecos de hoy la liberación que comienza dentro, la que no nace solo de poder elegir, sino de amar (Papa Francisco, 2 de septiembre 2018)… desde adentro, según M. Gandhi: “Se nos concede la libertad externa solo en la medida en que hayamos cultivado la interna”.

El Señor bendiga a Guatemala con la paz, la libertad y la justicia.

amons.esc@gmail.com