EDITORIAL

Mensajes de las manifestaciones

Nadie puede, sin caer en el absurdo, intentar siquiera disminuir la importancia de las manifestaciones efectuadas ayer en el parque central capitalino, en la mayoría de cabeceras departamentales del país y en varias ciudades extranjeras donde viven guatemaltecos, que tuvieron como consecuencia varias lecciones evidentes para el sistema político nacional, así como para las actuales autoridades y los políticos que se encuentran participando en la lucha electoral recién iniciada.

En la capital, la lluvia y los rayos que cayeron en la zona norte no hicieron que los participantes se alejaran, lo cual demuestra el nivel de convencimiento sobre la necesidad de demostrar sus protestas. Las críticas y mensajes se centraron en pedir la renuncia del presidente Otto Pérez Molina, y esto se puede considerar un remate o colofón de la salida vergonzosa y obligada de la ex vicepresidenta Roxana Baldetti Elías.

Las anteriores manifestaciones en la capital tuvieron una mayoría de participantes provenientes de los estratos sociales urbanos medios, pero ayer hubo representantes de grupos populares, universitarios y de las diversas etnias de Guatemala, que se unieron como pocas veces se había visto en el país y que nuevamente actuaron en total orden, sin un solo incidente de violencia, ni siquiera verbal. Las protestas iban escritas en pancartas, y cuando los manifestantes alzaron su voz fue para cantar el himno nacional, en la capital, y Luna de Xelajú, en el parque central de Quetzaltenango, causantes de emociones a quienes veían los hechos en las transmisiones de televisión.

Una rápida lectura a la prensa de ayer y a la de los otros días de la semana demuestra que la corrupción se ha multiplicado en demasiadas instituciones nacionales. Esto explica la actitud de ¡basta ya! que se manifiesta en el ambiente. Las personas que fueron entrevistadas eran, en su totalidad, menores de 40 años, y fue el azar quien las escogió para expresarse. Por eso no se puede decir válidamente que respondían a ningún tipo de interés partidista.

En resumen, el Gobierno debe tener claro que la ciudadanía ya no desea la continuación de Otto Pérez Molina como presidente de Guatemala, quien puede hacerlo para que el orden jurídico funcione o plantear soluciones creíbles para la población, lo que se dificulta porque cada vez se evidencia que el sistema anda mal. Se puede hablar de que la depuración está localizada ahora en el Organismo Legislativo y que la llegada de Alejandro Maldonado Aguirre a la Vicepresidencia no hace que el problema termine, sobre todo a causa de su error de nombrar precipitadamente a un secretario privado que no puede recibir finiquito.

Los organismos Legislativo y Judicial tienen ahora en sus manos la toma de acciones que permitan disminuir la desconfianza popular. Los ciudadanos han expresado su criterio, que es un castigo a la corrupción y el desorden. Se cumple que no es posible engañar a todos todo el tiempo, y que cuando un pueblo se manifiesta como lo han estado haciendo los guatemaltecos, esa voz es la que origina los necesarios cambios históricos, sobre todo cuando se demandan con madurez y serenidad.