Liberal sin neo

Mercado y gobierno, privado y público

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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Hay libros a los que se vuelve muchas veces; para mí, suelen ser de economía e historia, ya que la novela no mantiene mi atención en varias visitas, a menos que la prosa y dicción sea exquisita y extraordinaria. He vuelto a leer el capítulo XIII, Mercado y Gobierno, de mi gastado y subrayado ejemplar de The Economic Way of Thinking, de Heyne, Boettke & Prychitko (2005). Comparto algunas reflexiones y puede suponerse que todo está entrecomillado.

Es usual que al mercado se le caracterice como el sector privado y a las agencias y actores de gobierno como el sector público. Pero esto no puede significar que las acciones que se toman en el mercado no afectan al público o sean de interés exclusivamente privado. Tampoco puede significar que consumidores, empleados de empresas y empresarios persiguen intereses propios, mientras quienes trabajan en el gobierno persiguen intereses públicos. Sin embargo, el debate sobre problemas sociales y políticas públicas pareciera discutir desde esta posición. El diputado o funcionario que sostiene que el interés público o social guía todas sus decisiones, se ve en realidad guiado por su propia interpretación de lo que pueda ser el interés público, además de como pudieran ser afectados sus propios intereses.

Como señala James Buchanan, no puede ni debe suponerse que una persona en el sector público es un ser humano de naturaleza y esencia diferente de uno que labora en el sector privado. Por más elevado, noble e imparcial que sea un objetivo enunciado por una agencia de gobierno, es aconsejable descontar toda la retórica que se pronuncia sobre el altruismo del interés público y el egoísmo del interés privado.

Se dice que el mercado o sector privado es el sector competitivo, pero en el gobierno abunda la competencia. Hay competencia por puestos y las diferentes agencias gubernamentales compiten por recursos, quienes aspiran a puestos de elección compiten animadamente. Mientras haya escasez, habrá competencia, independientemente del sistema de organización social o “sector”.

Hay una significativa diferencia entre lo gubernamental y lo no gubernamental, que no desaparece si se le inspecciona con cuidado. Generalmente se concede que el gobierno tiene el derecho exclusivo, o monopolio, sobre la coerción. La coerción significa inducir a la cooperación bajo la amenaza de reducir violentamente las opciones de las personas, y es una atribución exclusiva del gobierno. Otra manera de inducir la cooperación, es la persuasión, que es el ámbito del proceso de mercado. El gobierno utiliza la coerción, mientras que el mercado se basa en transacciones voluntarias. Por ejemplo, si vendo chalecos amarillos para motoristas, debo persuadir a potenciales compradores para que compren los míos. El gobierno, en cambio, puede obligar a todos los motoristas a utilizar chalecos amarillos, con la amenaza de sanciones a quienes no cumplan.

Otra diferencia importante tiene que ver con responsabilidades. El empresario o consumidor que cometa un error, cargará con el costo de su error. El funcionario público que comete errores, no arriesga su propio patrimonio, no carga con el costo y lo traslada a otros; aquí los incentivos son muy diferentes.

Hay que descartar la idea de que los actores en el mercado actúan por su propio bien y que los actores de gobierno actúan por el bien de los demás. La naturaleza y esencia de las personas que actúan en el ámbito de lo privado y en la esfera pública, es la misma. Es conveniente tener esto en mente en la discusión sobre el ámbito del proceso de mercado y las atribuciones del gobierno.

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