La buena noticia

Nororiente, en alerta misionera

El país está en permanente ebullición, generando imprevisibles consecuencias, porque sus máximas autoridades proceden torpemente en el manejo de los asuntos públicos, muestran inmadurez e irresponsabilidad en el modo de gobernar, alientan la confrontación y promueven la polarización. ¡Disculpen que un cura se los diga!, pero vivo entre la gente y eso es lo que se comenta. Los ciudadanos no los ven aliados confiables en la lucha contra la impunidad, en la consolidación del sistema de justicia y el desarrollo integral del país. Han demostrado que no les importa el destino de los pueblos y culturas que forman nuestra Guatemala.

En su afán por protegerse de imputaciones por haber infringido la ley, juegan con fuego, implementando acciones de choque, manipulando a los ciudadanos y poniendo en peligro la gobernabilidad del país. Además, se aferran en la defensa de un sistema político económico podrido por injusto y corrupto al haber sido cooptado por mafias criminales que ahora muestran su cinismo al buscar impunidad. El país, a su más alto nivel, está en manos de gente impresentable.

Mientras ellos siguen en esa dinámica perversa y temeraria, con il placet de algunos incautos cristianos y hasta eclesiásticos, que “andan más perdidos que el hijo de la Llorona”, las comunidades eclesiales de la región nororiental de Guatemala, que no son neutrales ni ajenas a la realidad del país, disciernen durante estos días, en importantes encuentros que se realizarán en Zacapa y Jalapa, sobre su responsabilidad histórica en la construcción de una Guatemala diferente y de una Iglesia en salida misionera que abandona la autorreferencialidad para ponerse en sintonía con el Reino. Se proponen vivir en alerta misionera, porque la realidad del país los desafía y la Iglesia “franciscana” de hoy los alienta.

Estas comunidades eclesiales encabezadas por sus obispos y sus presbiterios están situadas en Alta y Baja Verapaz, Izabal, Zacapa y Chiquimula, Jalapa y El Progreso, Jutiapa y Santa Rosa. Vivirán un reavivamiento de su ardor misionero, con la presencia del presbítero Luis Mosconi, misionero fidei donum e inspirador de la metodología pastoral-misionera denominada Santas Misiones Populares, que tanto bien ha hecho para conectarse con el genuino espíritu del Vaticano II y la tradición eclesial latinoamericana iniciada en Medellín, 1968.

Esta metodología ha permitido desde el año 2009 impulsar la evangelización a la luz de las orientaciones de Aparecida y el magisterio del papa Francisco. Los ejes centrales de este proceso pastoral son: “recomenzar desde Jesucristo” para descubrir el verdadero sentido de la vida en contextos de injusticia, de empobrecimiento, de violencia, de corrupción e impunidad y de deterioro del medio ambiente a causa de modelos extractivos que se imponen abusivamente.

El otro eje va en la perspectiva de un nuevo modelo de Iglesia que recupera su naturaleza misionera, se ubica del lado de los empobrecidos, promueve el cuidado del Planeta Tierra. Y un tercer eje mira con esperanza la tarea de edificar una sociedad distinta, donde los valores del Reino inspiran el compromiso de luchar por una vida digna para todos, que se manifiesta en la alegría verdadera, como lo propone el Evangelio de este domingo.

En las circunstancias del mundo y ante la realidad que vive el país no es fácil plantear la alegría del Evangelio como actitud de vida. Los momentos de auténtica felicidad parecen pequeños oasis en medio de una realidad donde brotan la arrogancia de los gobernantes, la indiferencia de un sector privilegiado que ha vivido a costillas del Estado; el dolor, la injusticia, la violencia, la extrema pobreza y la insatisfacción que viven campesinos, obreros e indígenas.