Presto non troppo

Orellana, cara al futuro de la música

Paulo Alvaradopresto_non_troppo@yahoo.com

Huésped frecuente de este espacio, el compositor Joaquín Orellana ha conocido venturas y aventuras que a lo largo de los últimos años han sido objeto de atenciones a cuales más variadas y que durante estos últimos meses, en particular, han dado lugar a una prolífica reflexión. Es una reflexión específica sobre un artista que acaso se identificaba a sí mismo cuando dijo que “jugaba, como un poseído mago, con un viento cuajado de pregones”. Pero, además, es una reflexión, en general, sobre el derrotero de los grandes generadores de la producción simbólica en esta tierra llamada Guatemala.

Indudablemente, lo más sonado fue la emisión del decreto 22-2018, el 11 de octubre, con el cual el Congreso de la República declaraba a Orellana como “guatemalteco ilustre por su aporte extraordinario” a esta nación y le otorgaba una pensión por Q7 mil mensuales. Eso sí, al momento de redactar esta nota, aún no ha recibido nada de lo ofrecido… tal vez, para febrero, dicen…

Una quincena antes, el estreno guatemalteco de su Sinfonía desde el Tercer Mundo lograba acaparar la atención de suficientes personas como para llenar la Gran Sala del Centro Cultural y suscitar nuevas muestras de entusiasmo por su obra. Las de sus amigos incondicionales, genuinas, constantes, concretas. Las de sus admiradores de ocasión… lejanas, eventuales.

Por su parte, en abril de este año, el doctor en artes y maestro costarricense Gerardo Meza Sandoval publicaba Del Paisaje Sonoro a la Marimba Fantástica, un libro importante para examinar y valorar el trabajo de Orellana desde una perspectiva estética, sociológica y política. No es el primero en el que el doctor Meza se ocupa de este autor guatemalteco. Pero, ¿podría ser el primero que se conociera como es debido si se le diera difusión como es debido…?

Este 2018 comenzó bien, tras el nombramiento como Personaje del Año que Prensa Libre le adjudicara justo el último día del año pasado. Queremos pensar que un augurio igual de positivo se cristalice en actos tangibles este año que viene, porque los motivos para ello sobran. De la labor archivística que ha realizado el licenciado Jonathan van der Henst, por ejemplo, se ha desprendido el redescubrimiento de dos piezas de música de cámara que se daban por perdidas: el Cuarteto I (1957) y el Trío de Cuerdas (1962). Ahora, recién transcritas y digitalizadas por primera vez, contamos con una demostración de la capacidad del maestro como polifonista en una etapa relativamente temprana de su creación. Igualmente, se ha puesto al día una obra aún anterior, el Exorcismo Scherzante (de 1955), que aguarda la interpretación de ejecutantes dispuestos a explorar una alternativa al mismo repertorio de siempre para piano.

Encima, a partir de este diciembre y gracias a un aporte del Ministerio de Cultura y Deportes, contamos con un novísimo disco de música para cuarteto de cuerdas, cuyo lanzamiento oficial está programado para 2019. En esta producción figuran siete obras, pertenecientes a distintas etapas en la tarea creativa de Joaquín, que ponen en evidencia al maestro como una fuente inagotable de ideas y propuestas artísticas. Si a esto aunamos el permanente impulso que le lleva a continuar componiendo —en este mismo momento que Ustedes, apreciados amigos y amigas, le dan lectura a esta columna—, aparte de un nuevo proyecto de catalogación de la obra que ya tiene anotada, así como el reestreno de otras piezas que habían quedado relegadas… es incuestionable que Joaquín Orellana sigue viendo al futuro.

Nuestros mejores deseos en esta navidad, queridas amigas, queridos amigos.

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