Pluma invitada

Otra hoja que cae del árbol del tiempo

Cada vez que se cierra un período del calendario es obligatorio hacer un recuento de los éxitos y fracasos, de las alegrías y las penas, de los aciertos y desaciertos, de las turbulencias y la calma, del perdón y las discordias, de los amigos y enemigos, de las envidias y la comprensión,  de las arrogancias y las humildad de tantos pasajes del comportamiento humano, que obligan  a hacer una evaluación de manera individual, del círculo familiar, agrupaciones sociales, barrios, aldeas, parejas, caseríos, municipios,  departamentos y, por lo consiguiente,  en el contexto de Nación, en donde es más exigente y obligado  un análisis  interno y externo y  sacar conclusiones de  por qué le llamamos   “el período gris de la Historia Nacional”, al estar en deuda, por no cumplir con nuestros derechos y obligaciones para hacer de nuestra patria una gran nación.

Es momento de hacer el recuento personal de cuánto hemos hecho como personas para servir a los demás, cuánto hemos cumplido con los mandatos de amar y compartir con las necesidades de nuestros semejantes, brindándoles apoyo, para ser coherentes con los mandatos divinos. Es necesario evaluar concienzudamente nuestra función como miembros de la familia, para verificar si se cumple con las obligaciones materiales, y sobre todo las morales y espirituales, para vivir en armonía y todos sientan el respaldo de promover la convivencia pacífica, para erradicar la violencia.

Debemos tener conciencia de verificar el comportamiento, como miembro de una comunidad, en donde tenemos la función de ser solidarios y apoyar a los más necesitados para que todos mejoren sus condiciones de vida, para superar diferencias y caminar en la misma dirección para satisfacer las necesidades que nos lleven a vivir en paz con nosotros mismos y nuestros semejantes. Obliga hacer los señalamientos personales como parte de un territorio, llámese municipio, departamento o región, para verificar si se ha cumplido con la masa social, en donde no exista envidia, odio, y analizar con cuánto hemos contribuido a la formación de hombres libres y probos que trasciendan en el servicio social y comunitario.

Cuando se haya superado la evaluación de esas instancias, la obligación es verificar el comportamiento ante la Nación, cuestionándonos ¿Cuál ha sido el comportamiento como ciudadano, cuales han sido las aportaciones para que nuestra nación sea más consecuente con las demandas de los grupos más vulnerables?

Es importante invitar a los gobernantes a que hagan una evaluación exigente, que cumplan el compromiso de servir y no ser servidos. Evaluar su conciencia hasta donde han sido honestos, probos y transparentes, porque el poder es para servir y no para adueñarse de lo que le pertenece al pueblo, asignándose jugosos salarios, bonos extraordinarios, cobrando comisiones con porcentajes significativos por cada obra que ejecutan, creando estructuras que les permiten extraer los recursos financieros que deben servir para dar mejores servicios a los gobernados.

Cada fin de periodo vale la pena hacer una heteroevaluación, término aplicado a la evaluación educativa, que bien puede aplicarse al comportamiento social entre gobernados y gobernantes, que todos nos comprometamos a ser honestos y transparentes en nuestro actuar, y sobre todo a pedirle a Dios que nos convierta en seguidores de sus mandamientos y a no repetir los mandatos del mal.