Pluma invitada

Desarrollo inclusivo

En 2015, la ONU aprobó su Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible. En el objetivo número 10, el organismo señala que, aunque la desigualdad se ha reducido entre países, ha aumentado dentro de los mismos, y sostiene que para combatirla el crecimiento económico debe ser inclusivo. Esa inclusión consiste en la apuesta de los sectores público y privado, más una sociedad implicada, por no dejar atrás ninguna región, ciudad, esfera social y ciudadano en los efectos del aumento de la riqueza.

La economía internacional está supeditada ahora más que nunca a las nuevas tecnologías. Con la realidad digital, ambas afectan desde nuestro comportamiento y el flujo de datos hasta los costes y naturaleza del comercio. Según el informe Global Digital, de We Are Social y Hootsuite, hay más de 4,000 millones de usuarios en internet, de los que tres cuartas partes han comprado algún producto a través de la red de comercio global. Hay países, como China, que con transformaciones profundas han aprovechado esa globalización, volviéndose actores clave en el suministro de productos y servicios. Hay otros, como Guatemala, que pueden aprovechar el contexto internacional poscrisis y su propio potencial para avanzar en su desarrollo interno.

El potencial de Guatemala es real, como lo confirman algunos datos macroeconómicos: la tasa de crecimiento anual del PIB se ha situado en torno al 4% desde 2010, la deuda es del 25% del PIB y el desempleo ronda el 2%. La proporción de trabajadores, más los que vienen, son precisamente el mayor tesoro del país. En Guatemala, el 35% de la población tiene entre 0 y 14 años, y dos tercios de los guatemaltecos tienen menos de 30.

Dada esa pirámide demográfica, el país tiene una oportunidad en la juventud. Pero una gran población joven solo aportará más si se generan las oportunidades de empleo para que demuestre su potencial. Si bien conseguir un trabajo estable es difícil, los jóvenes, con apoyo de la tecnología, tienen ahora más opciones de encontrar nichos de mercado y crear empresa, con lo cual las políticas hacia la juventud deben considerar el fomento del emprendimiento y el impulso a la innovación.

En ese sentido, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), de cuyo Centro de Desarrollo Guatemala forma parte, sostiene que el crecimiento es inclusivo cuando es equitativo y crea oportunidades para todos, para lo que se necesita cohesión social. Según la Ocde, esta se consigue atendiendo a las necesidades de satisfacción personal, entorno social, confianza, inquietud política y de los niveles de criminalidad. Guatemala encara retos en estos frentes, pero puede superarlos con políticas dirigidas a algunos ámbitos entrelazados con las oportunidades para la juventud, como la salud, la educación y la calidad de las instituciones.

Salud y educación van de la mano porque, como demuestra la malnutrición infantil que hay en el país, si no se cuida la salud de cada guatemalteco desde el inicio, el desarrollo de su cerebro no será suficiente para lo que se le invierta en educación. Trabajar por la nutrición de los niños reduciría la mortalidad infantil, mejoraría las tasas de educación y a la larga generaría una población mejor formada, más preparada para el mercado laboral y con mayores ingresos, rompiendo de a poco con el círculo vicioso de la pobreza.

Pese a todo, es difícil sacar adelante estas políticas sin instituciones públicas de calidad, donde los gobernantes rindan cuentas, la corrupción no quede impune y la ciudadanía participe. Así, para que el crecimiento sea inclusivo en sus efectos, es necesario que por el camino se involucren todos los sectores sociales, promoviendo el desarrollo a escala local, regional y nacional, con políticas que respondan a las necesidades del presente, pero siempre con objetivos de futuro.

* Director del Centro de Investigación para el Desarrollo Regional de la UNIS